Elegí este título para mostrar un juego de palabras entre “comunicación” y “colonización” que dé cuenta de que bajo la apariencia de informar, comunicar, en verdad lo que hacen los medios de comunicación masivos es colonizar.
Los medios de comunicación de masas están en la psiquis. Tomando una expresión de Marshall Mc Luhan, pionero y erudito en estos temas ya por la década del ‘60: la formatean; intentan imponer sus fines, y muchas veces lo consiguen.
‘El medio es el mensaje’, dice el aforismo más famoso de este autor, para poner de manifiesto la enorme influencia que ejercen sobre nosotros, individual y colectivamente.
El medio es el mensaje, como mostrando que no hay intervalo entre el medio y sus fines, sino que los fines están condensados, expresados en el mismísimo medio.
Afectan nuestra manera de percibir, y haciendo historia, todo comienza con Gutemberg, trasladándonos inicialmente desde el espacio acústico equilibrado de la palabra hablada, la tradición oral, a un espacio de visualización reforzado y caracterizado por un punto de vista fijo, interpuesto por la alfabetización y la imprenta, para volver a sacarnos de esa modalidad con el advenimiento de los medios electrónicos.
El filósofo y activista italiano Franco Bifo Berardi, señala el pasaje de la modalidad de comunicación analógica a la digital, y los efectos que esto tiene para el psiquismo, cuestiones que desarrolla extensamente en muchos de sus trabajos y que intentaremos resumir afirmando: la facultad crítica del sujeto se ve afectada al pasar de la escritura a la comunicación video-electrónica, disminuyendo dramáticamente.
Se vuelve muy difícil la discriminación entre verdad y falsedad de los enunciados.
Los emisores trasmiten a una velocidad sobrehumana, diferente de la pausa y lentitud de la lectura, no estando formateados de la misma manera los receptores humanos. Entonces, lo que se trasmite a través de los medios video-electrónicos se vuelve intraducible.
Para Berardi, estamos ingresando en una época de trasmisión maquinal, post humana.
La aceleración propiciada por la tecnología digital, que está estrechamente ligada a la aceleración de la producción y consumo capitalistas, produce efectos en la psiquis, observando que la destrucción del sentido y del afecto son las principales consecuencias.
Citamos textual: “Las grandes empresas, capaces de influir directamente sobre las formas de vida del lenguaje y de imaginación, suprimen las premisas del pensamiento crítico e incluso las capacidades cognitivas, que hacían posible el ejercicio del pensamiento libre. La aceleración produce un salto antropológico, psíquico y lingüístico. Por otra parte, las tecnologías no son propiedad común de todos, sino propiedad privada de unos pocos grupos económicos, extremadamente poderosos. Estos grupos se han vuelto capaces de canalizar la atención, el comportamiento, las expectativas, las elecciones de consumo y las elecciones políticas.”
Del mismo modo que un pez no puede conceptualizar el agua, o las aves el aire, el sujeto apenas entiende su “infoesfera”, neologismo compuesto por ‘información’ y ‘esfera’, que se define como esa envolvente capa de esmog electrónico y tipográfico, compuesto de clichés de periodismo, entretenimiento, publicidad y gobierno.
La precariedad laboral, social, cultural a la que nos condena el neoliberalismo, se convierte cada vez más en la percepción íntima que el sujeto tiene de su propia existencia.
La psiquis es sometida a un ciclo incesante de explotación, apertura infinita al mundo de los info-estímulos, que remite a la condición de apertura a lo ilimitado, que es propia de la psicosis. No exageramos entonces si decimos que los medios masivos de colonización propician la alienación del sujeto, su enajenación.
El control social siempre ha sido y es imprescindible para todo tipo de dominación, y esto explica la fundamental importancia que los poderes establecidos otorgan a la posesión de los medios hegemónicos, convertidos en instrumentos centrales del control social.
Esta situación produce una extraña paradoja: mientras vivimos un tremendo auge de información y comunicación, al tiempo que nunca hemos estados más desinformados e incomunicados.
Se cree tener acceso al conocimiento de la realidad, pero muchas veces se trata de una fantasía, y no pocas veces de un delirio.
El espectador ubica a los medios en el lugar de un Ideal, que recordemos que el Ideal del Yo es una instancia en torno a la cual nos vamos forjando, constituyendo como sujetos desde la infancia más temprana, y que tiene como consecuencia la identificación. Habrá entonces una idealización de los medios y una identificación entre los espectadores, dando como resultado una hipnosis adormecedora en la que el sujeto se convierte en un objeto cautivo, que se somete de manera inconciente a los mensajes e imágenes que se le ofrecen.
El sujeto de la cultura de masas es pasivo, servil, sugestionado. Su Yo está empobrecido y obedece a un amo que articula ideologías e ideales.
Al operar esta captura, los mensajes que emiten los medios terminan imponiéndose, condicionando opiniones, valores y pertenencias, lo que redunda en una manipulación de la subjetividad.
Mediante técnicas que implican una producción calculada de subjetividad, tienen como objetivo que el sujeto, el ciudadano, devenga un consumidor que compra un objeto de igual modo que una consigna política.
Construyen consenso, convencen, imponen valores, hábitos, posicionan un producto, una idea o un candidato.
A partir de Freud y Lacan sabemos que las demandas no son necesidades naturales, básicas o biológicas, sino que son construcciones discursivas: la mercadotecnia impone demandas que luego aparecen como una elección “libre” del sujeto: ‘necesito el último modelo de celular’…
Bajo la apariencia de ampliar las libertades individuales, el modelo actual de los medios de comunicación de masas, se impone y coloniza a toda una cultura.
Freud vio en la fascinación colectiva, a la que llamó “efecto rebaño” y en la homogeneización de la psicología de las masas, lo vio con claridad y advirtió en sus escritos que la sociedad se ubicaba en la antesala de los grandes regímenes totalitarios.
Estos fundamentos están en la base del desarrollo de fenómenos tales como el nacional-socialismo alemán, e incluso dan cuenta, al menos en parte, del hecho de que ciudadanos asalariados, de condición humilde y hasta bajo la tiranía de la pobreza, escojan en las urnas candidatos que representan y hasta encabezan las mismas corporaciones que los explotan.
Las actualmente tan mentadas fake news, las tergiversaciones, los relatos falsos y las teorías conspirativas, los recortes tendenciosos, el ocultamiento de las desmentidas, elementos que emanan de los programas de información televisiva, de la prensa gráfica y de las redes sociales, van dando sustento a un clima social crecientemente hostil, y provocan sentimientos persecutorios e instalan afectos como el miedo, el odio y la angustia que van a funcionar como desencadenantes de enfermedad psíquica.
Para nuestro debate y para interpelar a la audiencia, quisiera dejar planteados algunos interrogantes….por ejemplo: ¿Dónde quedan las categorías de verdad, decisión racional y autonomía del sujeto para filtrar y administrar la información y los afectos que ella instala?....
¿Quién se hace responsable de los efectos patológicos que se constatan tanto en la subjetividad como en los lazos sociales?....
Resulta imperioso desenmascarar los dispositivos con que operan los medios de comunicación masivos y moderar su espectro de influencia.
Un Estado presente que se hace cargo del rol que le compete en el cuidado de la salud psíquica de sus ciudadanos y en el cuidado de los lazos sociales, debe arbitrar los medios para limitar el poder desmedido de los monopolios comunicacionales, lo que no constituye censura sino por el contrario, apertura a la pluralidad de voces.
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