Pobreza y Depresión - Relación con los sistemas neoliberales
Pobreza y Depresión

“El hambre es el error de cálculo del capitalismo”
Miguel Menassa

En 1990, Isaac Levbab, asesor regional de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), sostuvo que “El 25 % de la población adulta de América latina sufre malestares psíquicos que van de leves a moderados y graves. El alcoholismo y la depresión experimentarán un sensible aumento y se incrementará el número de muertes por enfermedades cardiovasculares, como el infarto de miocardio, y por suicidio. Estas posibilidades se añaden a las enfermedades causadas en forma directa por la desnutrición y a las deficiencias del hábitat, configurando un oscuro panorama para el porvenir de nuestros pueblos. El problema cobrará mayor dimensión a menos que los gobiernos dediquen más esfuerzos a solucionar el tema de la deuda interna, para que las cosas no empeoren en el año 2000”

Y llegamos al 2000, entre otras cosas, para leer un titular de tapa del matutino Clarín de la ciudad de Buenos Aires, que anunciaba en esos días: “En América latina hay 220 millones de pobres”, y el copete añadía: “150 millones viven con menos de dos dólares diarios”.

La pregunta ineludible sería: ¿Viven o sobreviven?....

 

Las cifras hoy, según informe de la UCA correspondiente al último trimestre del año 2018: la pobreza en Argentina creció al 33,6%. Es la más alta de la última década e implica un aumento del 19% respecto al mismo periodo del año 2017.

Hay 13.200.000 pobres en nuestro país; la inseguridad alimentaria afecta al 20% de los argentinos, y un 7,9% pasa hambre.

 

En su artículo “El malestar en la cultura”, Freud define a la cultura como aquello que regula la relación entre los hombres y los protege de la naturaleza. La agrupación en comunidades, la constitución de la sociedad, le ha exigido al sujeto renuncias pulsionales en pos de una convivencia social más armónica. La magnitud y el ritmo de los cambios sociales de hoy en día, la vorágine mediática, los vínculos intersubjetivos puramente formales sin contenido trascendente, las condiciones exigentes del “ser exitoso”, el reinado del consumismo salvaje, sumados a la angustia del desamparo en épocas de crisis, la carencia de proyectos o la frustración de no poder implementarlos, van a desembocar inexorablemente en el sentimiento de fracaso, pérdida de la autoestima, apatía y pesimismo característicos de la depresión.

Todo lo antedicho conforma un “más allá del malestar en la cultura”, un más allá de la felicidad acotada por las renuncias pulsionales.

Cuando decimos que el sistema imperante en gran parte del mundo es un más allá, apuntamos a que hay una angustia, un malestar impuesto porque no podemos ser potros salvajes en plena libertad, porque hay leyes, normas, reglas que obedecer y que muchas veces reducen, acotan el goce pretendido.

Serrat lo dice tan poéticamente en “Esos locos bajitos” refiriéndose a la dura tarea de educar a nuestros hijos, de ir moldeándolos para que se inserten socialmente y no sean expulsados….

Bien, ese es el primer peldaño y luego así será toda la vida, y eso acarrea malestar porque hay que reprimirse, hay que controlar los impulsos, hay que renunciar.

Y eso es así en cualquier sistema, en un sistema de justicia social también, porque es universal el hecho de que la cultura limite la realización de impulsos o ambiciones.

Ahora, en un sistema neoliberal que ordena, como un tirano sutil e irresistible, consumir pero además y al mismo tiempo lo impide, paradoja esencial que da cuenta de su perversión intrínseca, este malestar del sujeto del que hablábamos, empeora significativamente y conduce a la enfermedad psíquica y/o física, orgánica.

 

En su magistral texto “Duelo y melancolía” (1915), Freud establece las principales analogías y diferencias entre estos dos términos, que comparten la dolorosa sensación de tristeza por una pérdida, la de un objeto valorado, la de un objeto amado.

Etimológicamente, duelo es lucha.

El Yo libra una intensa lucha para desligarse del objeto perdido, sometiéndose al principio de realidad. Luego de un proceso que tiene como coordenadas el tiempo y el trabajo, la salida más saludable del duelo es la aceptación de lo perdido y el camino de la sustitución.

Un trabajo por otro trabajo, un amor por otro amor…

El melancólico en cambio, no aceptando lo perdido, se identifica con ese objeto, se convierte en ese objeto que perdió, lo incorpora y entonces lo perdido es el propio sujeto: la sombra del objeto ha caído sobre el yo, dirá Freud.

El objeto perdido puede ser una persona amada, por muerte o abandono, pero también una abstracción equivalente como la libertad, los ideales, un proyecto de vida.

Las condiciones de extrema pobreza no permiten ninguna ilusión de vida digna para el hombre.

Más aún, al no poder abandonar la condición de “necesitado”, por cuanto carece de lo necesario, tampoco podrá acceder al campo del deseo, que es lo humano por excelencia.

Estos son, muy resumidamente, los mecanismos de la génesis de la depresión en la población sometida a condiciones de pobreza.

Las consecuencias?....La enfermedad.

En la base de las enfermedades graves, el cáncer, las dolencias cardiovasculares, las enfermedades autoinmunes que implican autoagresión, en la base de todas ellas y muchas otras, hay una depresión manifiesta o latente.

La enfermedad como respuesta, como un modo de salirse de una escena insostenible, como un recurso inconciente para desaparecer.

El diagnóstico de depresión enmascarada es habitualmente tardío, por lo general después de que el paciente se ha sometido a múltiples consultas, exámenes complementarios cruentos y hasta innecesarias intervenciones quirúrgicas.

La presentación de un síndrome depresivo bajo la apariencia de un trastorno físico, puede atribuirse a los prejuicios que tanto el sujeto como la sociedad padecen aún, cuando se trata de “lo psíquico”. La enfermedad del cuerpo despierta sentimientos de compasión, solidaridad y hasta puede otorgar prestigio social, en tanto que los desórdenes psíquicos son tomados con extrañamiento y hasta con desconfianza, y son cuestionados y destratados.

Los cuadros clínicos imprecisos deberían alertar a los médicos y hacer que dirijan su investigación hacia la búsqueda de una depresión, tan sencillamente como formulando algunas preguntas fundamentales y sobretodo permitiendo que el paciente hable, porque el paciente siempre quiere hablar de algo más además de sus síntomas, que sólo son su carta de presentación.

La situación que más nos interesa plantear es la de la participación de la depresión en la génesis, en el origen de las enfermedades, particularmente graves y hasta mortales.

La Asociación Americana de Cardiología señala la alta incidencia de infarto agudo de miocardio en varones de edad media de la vida en el transcurso de un síndrome depresivo con desvalorización y auto-reproches, detonados por fracaso laboral o quebranto económico.

Pierre Marty y col. han presentado serias estadísticas a partir de una gran casuística de pacientes portadores de enfermedades graves, que en un porcentaje de alrededor del 85% tenían el antecedente de depresión manifiesta o latente.

Dentro de las enfermedades estudiadas se incluyen las afecciones cardiovasculares, las neoplasias, y enfermedades auto-inmunológicas como el lupus sistémico, la esclerosis en placas, la diabetes inmuno-dependiente, entre otras.

Establece además un paralelismo entre el desencadenamiento y la evolución del SIDA en portadores de HIV, con el comienzo y la evolución de las inmunopatías a partir de sus bases genéticas.

En ambos casos se detectan condiciones de ruptura del sistema inmunológico, sobre las que la Medicina permanece sin respuestas.

Su experiencia revela que son los episodios depresivos los que desencadenan y agravan, cada vez que se producen, tanto las enfermedades autoinmunes como el SIDA en portadores de HIV.

Como contraprueba, los pacientes sometidos a psicoterapia presentaron mejoría clínica de sus padecimientos así como de los parámetros de laboratorio.

No conocemos aún el mecanismo íntimo de producción de estos sucesos, pero afirmamos junto a Marty y otros autores la existencia del vínculo entre depresión y enfermedad orgánica, mediatizada por el sistema inmunológico.

En los casos de neoplasias y desarrollo de un SIDA, nos hallamos frente a un sistema inmunitario deficiente, que ha abandonado su función específica de vigía del organismo y convive con la intensa proliferación antigénica tumoral o infecciosa, sin llevar a cabo operación alguna para impedirla o neutralizarla.

En las enfermedades autoinmunes, por el contrario, es un sistema inmune agresivo y destructivo que muestra claras evidencias de fallo o ruptura de los mecanismos responsables de la auto-tolerancia, proceso adquirido por el cual se evita que los linfocitos generen anticuerpos contra antígenos propios.

La teoría psicoanalítica sostiene que los hechos celulares y los mecanismos biológicos tienen expresión psíquica.

La secuencia sería: un sujeto devastado por la frustración, sumergido en la pobreza sin horizonte, sin expectativas de reversión de ese presente agobiante……desarrollo de un cuadro depresivo…..falta de acceso a una escucha y un tratamiento adecuados……desarrollo de una enfermedad grave.

Freud afirmaba que “toda muerte prematura es un suicidio encubierto”.

La muerte como salida de un callejón sin salida.

Hace unos días, en un programa político del Canal C5N, el catedrático constitucionalista y militante de los Derechos Humanos Eduardo Barcesat, sostuvo la legitimidad de pedir juicio político con carátula de genocidio, para los responsables de un gobierno que mata de hambre a la gente de su país. El hambre se cobra muertes tanto o más que las guerras, que las políticas represivas.

El hambre es el error de cálculo del neoliberalismo.

 

Habrá mucho trabajo por delante para derrotar el flagelo de la pobreza, y como consecuencia directa, disminuir también la depresión que lleva inexorablemente a la enfermedad o al suicidio.

Está columna está relacionada con Como enfrentar la depresión social del Lic. Osvaldo Gagliardo. Recomendamos leer ambas para una mejor comprensión de los temas tratados.

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