El letargo tórrido de la siesta del verano mendocino quedó alborotado y no cesará hasta que la Ley N° 9.209, que modifica la Ley N° 7.722, se derogue. Por un lado, el pueblo todo reclama por su agua pura y alarma sobre la escasez de la misma. Del otro, la incomprensión y la falta de empatía se traducen en represión.