fbpx Luca Prodan Caballero, vagabundo, perdedor victorioso y quijote del punk argento | Otra Voz
Luca Prodan Caballero, vagabundo, perdedor victorioso y quijote del punk argento
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Un día como hoy pero de 1953 nacía Luca George Prodan, músico ítalo-escocés que para muchos de nosotros fue un ícono del Abasto, que recompuso energías y lucidez en Nono y “gastó” las calles de Hurlingham. Pisó Buenos Aires y reconvirtió el “under” porteño y el mundo de nuestro rock and roll.
Nació en Roma. Hijo de Mario Prodan, un ciudadano italiano nacido en el imperio austrohúngaro y de Cecilia Pollock, nacida en China e hija de escoceses, que habían residido en Beijing y Shanghai antes de la Segunda Guerra Mundial y en donde habían estado en un campo de concentración, luego de la invasión japonesa a la gran nación asiática iniciada en 1931. 
Luca cursó sus estudios primarios en la capital italiana y luego se mudó con su familia a Escocia. Allí, ingresó en la Gordonstoun School, uno de los establecimientos más prestigiosos de Europa, donde conoció a Timmy McKern, un argentino que influiría de manera decisiva en su futuro. Pero el mundo escolástico no era su medio ambiente preferido. Antes de terminar el secundario, vendió una escopeta para cazar faisanes que le había regalado su padre y con ese dinero mínimo huyó al continente europeo. El colegio y sus padres denunciaron su ausencia y la Interpol requirió su búsqueda. Viajó por varias ciudades hasta que en su Roma natal tropezó con su madre y la organización internacional de policía criminal. 
Terminó sus estudios secundarios en un colegio anglo-italiano y retornó a Gran Bretaña. Vivió en Brighton y luego se estableció en Londres donde trabajó esporádicamente en una agencia de seguridad. Eran tiempos en que el reggae y el dub músicas de las ex colonias británicas se infiltraban en tierras sajonas y convivían con el rock sinfónico y progresivo (Yes, Genesis, Van der Graaf Generator ) y la psicodelia (Canned Heat, Soft Machine, Syd Barrett, ).
Luca trabajaba en la disquería Virgin en Marble Arch, Londres, y recibió otras influencias musicales poderosas (John Lennon, Bob Dylan, Jim Morrison,  David Bowie, Leonard Cohen, Lou Reed, Lucio Battisti, Brian Eno) y el iniciático punk inglés (Sex Pistols, The Clash, Joy Division, Wire). Su sensibilidad musical se diversificaba y formó su propia banda “The New Clear Heads” que duraría solo unos meses y unos solitarios demos. 
Su trabajo peligró porque era amigo de sustraer discos; los dueños lo echaron pero la insistencia de los clientes que reclamaban la presencia de ese italiano que descubría el título de una canción o su intérprete con solo escuchar unas notas, lo devolvió a su puesto. De cualquier manera, su estadía fue corta porque su afición a “expropiar” discos creció exponencialmente y fue devuelto a la calle.
Se aceleró su vida errática, comenzó el consumo de heroína y profundizó el consumo de alcohol. El suicidio de su hermana Claudia y su novio (que era el mejor amigo de Luca) lo derrumbó. La crisis se hizo indetenible hasta que una providencial carta y foto familiar de su viejo amigo argentino Timmy McKern lo hizo frenar y pedir ayuda. Solicitó asilo en Traslasierra y huyó provisoriamente del pozo depresivo y adictivo; se instaló en Nono y mejoró su estado. Olfateó que podría armar un grupo de rock en Argentina, viajó a Londres a comprar un portaestudio, un bajo, un micrófono y otros chiches y regresó a las sierras cordobesas. Meses después llegó su amiga  Stephanie Nuttal.
Al poco tiempo se instaló en Hurlingham, provincia de Buenos Aires. Ya había trabado amistad con Germán Daffunchio (cuñado de Timmy) y con su amigo Alejandro Sokol. Fueron congeniando gustos y perspectivas. Germán era marinero y tenía largas estadías de descanso; no era un músico avezado pero fue ingresando a ese mundo lúdico con una guitarra eléctrica que compró en veinte cuotas. Iba naciendo Sumo. La primera delantera estuvo formada por: Luca (voz), Germán (guitarra), Alejandro (bajo) y Stephanie (batería). Tocaban en el patio de la casa de la madre de Timmy Mc Kern, en el oeste bonaerense. Fueron sus primeras presentaciones con público.
En febrero de 1982 debutaron en Caroline’s Pub, en Hurlingham. Cantaban en inglés. Se inició la guerra de Malvinas y comenzaron los problemas y prohibiciones. Stepahnie Nuttal volvió a Gran Bretaña y la segunda delantera fue: Luca Prodan (voz), Germán Daffunchio (guitarra), Alejandro Sokol (batería) y Diego Arnedo (bajo). Más tarde se iría Sokol e ingresarían Roberto Pettinato (saxo), “Superman” Troglio (batería) y Ricardo Mollo (guitarra). Polenta demoledora y disruptiva.
Se aquerenciaron en el “under” porteño y no tardaron en destacarse. Fueron habitués de El Parakultural y el café Einstein. Dividieron el grupo en dos esporádicamente para recaudar dinero: unas veces como la Hurlingham Reggae Band y otras como Sumito. En 1983 grabaron su primer álbum de estudio, Corpiños en la madrugada. Solo 300 casetes. Ya contenía canciones emblemáticas: “Night and day”, “Fack you”, “Quiero dinero”, entre otras que harían historia. 
En 1985 apareció su primer álbum comercial: Divididos por la felicidad, raggae, ska, new age, dub. Una novedad en el medio de la primavera democrática. Temazos. “La rubia tarada” (originalmente “Una noche en New York City”), “Mejor No Hablar de Ciertas Cosas”, “Reggae de Paz y Amor”, “Debede”, “Kaya”, “Divididos por la felicidad”, “Regtest”. Ritmos poco transitados, ironía chocante, humor cáustico, canciones en inglés y castellano atravesado. 
Al año siguiente publicaron Llegando los monos. Otro golpe musical. “Que me pisen”, “Nextweek”, “No Good”, “Los viejos vinagre”, “El ojo blindado”, “TV caliente”. Sumo ya era una marca registrada.
En 1987 editaron su álbum After Chabón. Música más sólida, lírica más cuidada, letras más comprometidas como la crítica “Crua Chan”, la antibélica “No tan distintos”, la poética “Mañana en el Abasto”, la melancólica “Ojos de terciopelo”, la sugestiva “La gota en el ojo”, la muy actual “Lo quiero ya” o la cadenciosa “Percusión baby”.
Luca seguía su camino pegado a litros de ginebra, alimentación espaciada y nocturnidad acelerada. Su último recital fue el 22 de diciembre de 1987 en la cancha del Club Atlético Los Andes, Lomas de Zamora. Al llegar a su casa porteña de Alsina 451 del barrio de Montserrat, murió de un paro cardíaco debido a una hemorragia interna que le había producido su cirrosis hepática. 
Final anticipado de una vida sin medias tintas.
Al día siguiente fue sepultado en el Cementerio de Avellaneda. Asistieron a la ceremonia sus compañeros de banda, sus amigos y una multitud de jóvenes que peregrinaron durante horas.   
Gracias Luca!! Por tu locura creativa, por tu rebeldía estética, por habernos sacudido la cabeza y el corazón cuando no pasaba tanto, por tu crítica cruda con la hipocresía y lo establecido, por ser un hermoso perdedor. 
Un integrante sanguíneo de nuestra popular imaginaria.
Luca vive!!
Luca not dead!!

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