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Alberto Fernández, el palacio y la calle
Equilibrista

Luego de más de dos meses de gobierno, Alberto Fernández tiene algunas cosas claras sobre a cómo llevará adelante su gestión: haciendo equilibrio.

El presidente dio inicio el domingo 1º de marzo al año legislativo en el 1º de marzo en el Honorable Congreso de la Nación, donde expuso durante una hora y media su proyecto de gobierno con un discurso que se caracterizó por la moderación, ante los legisladores y representantes de las áreas de gobierno que escuchaban atentamente.

En los palcos, representantes de organismos de Derechos Humanos escucharon con beneplácito “los Derechos Humanos no son política de un gobierno, sino la columna vertebral de la República Argentina. Sin Memoria, Verdad y Justicia la Argentina no puede realmente ponerse de pie” come preámbulo para anunciar que el Estado retomaría un rol activo en los juicios por delitos de Lesa Humanidad cometidos durante la Dictadura.

Anunció también la modificación de la Ley de Inteligencia para delimitar los alcances de los agentes de inteligencia, así como resaltó los logros de la intervención sobre la Agencia Federal de Inteligencia, que en manos de la doctora Cristina Caamaño está poniendo luz sobre el sector cuyas actividades y presupuestos parecían hasta el 10 de diciembre responder a intereses mafiosos.

Estos anuncios, fueron el preámbulo para el Gran Cascabel que Alberto Fernández deberá ponerle al Gato: la reforma que afecta los intereses y privilegios del Poder Judicial.

Detalló algunas medidas que se tomaron en la emergencia para contener a los sectores más postergados de la población, como la “tarjeta AlimentAR” o el pago de bonos otorgado a los jubilados, así como también, haberles devuelto la gratuidad de los medicamentos.

Lejos quedaron las consignas de campaña.

El ahora presidente, Alberto Fernández, habló de la deuda. Deuda que vamos a pagar todos los argentinos y que había sido tomada durante el gobierno de Mauricio Macri con la finalidad de fugar capitales.

Si bien habló de la responsabilidad de los que firmaron esos acuerdos que ponen de rodillas a nuestro país y condiciona nuestro crecimiento y desarrollo, tampoco puso en duda su legitimidad y legalidad.

La economía está supeditada al acuerdo que se alcance con el Fondo Monetario Internacional, y los acreedores privados. Tal vez por eso, algunos anuncios sobre desarrollo y producción estuvieron bosquejados a grandes rasgos sin definiciones acerca de cómo se pondrá en marcha el país, devastado por los cuatro años de neocolonialismo que vuelve a repetir su ciclo .

Fernández anunció que enviará al Congreso una ley para despenalizar la interrupción voluntaria del embarazo en las primeras semanas del mismo; y otra, que obligue al Estado a ayudar a las mujeres embarazadas durante tres años y así garantizar la alimentación de la madre y el niño.

Anunció algunos proyectos de ley vinculados con la soberanía territorial y marítima, entre los que se incluye el conflicto con los usurpadores de Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur, lo que toca el corazón de cada argentino. Y a la vez, nos hace preguntarnos, cómo sería eso posible con una base militar de la OTAN apuntando sus misiles hacia nuestro territorio continental.

En la calle, un nutrido número de manifestantes, escuchaba bajo un sol impiadoso, cada palabra con la que hilvanar un pedacito más de esperanza que les permita seguir adelante y rezando para que las palabras que suenan tan bien en la teoría, deriven en acciones concretas que le alivien la existencia y les permita soñar un futuro para sus hijos.

Porque aquí abajo, lejos de los caireles, los mármoles y los bronces relucientes, la esperanza es lo único que nos mantiene de pie.

 

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