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Alejandra Boero Pionera del teatro independiente y defensora de la cultura popular
Boero

Un día como hoy pero de 2006 se despedía Liria Ofelia Alejandra Digiamo Viera, actriz, directora, pedagoga, docente y formadora de actrices y actores argentina que vivió (y actuó en consecuencia) con un principio irrenunciable: la cultura, como la salud, debe estar al alcance de todos y todas.
Nació en la ciudad de Buenos Aires en 1918 y vivió en el centro porteño, en el barrio de San Nicolás. Cambió su apellido paterno por el materno Boero luego de una agria disputa con su padre por su decisión de dedicarse a la actuación. Estudió literatura, música, danza e idiomas.
En 1942 comenzó su carrera artística en el grupo “La Máscara”, creado y dirigido por Ricardo Passano, donde integró los elencos que protagonizaron “En algún lugar…”, de Ernesto Castro y “El avaro”, de Moliere. Fueron años en que el grupo se armó y desarmó varias veces por discusiones artísticas y problemas económicos. Pero en 1947 el colectivo teatral se reinventó y las presentaciones se acrecentaron. Llegaron a su punto cúlmine con la obra El puente, de Carlos Gorostiza. Alejandra actuaba regularmente y adquiría una rica experiencia.
En 1950 fundó junto a Pedro Asquini, el grupo Nuevo Teatro, que marcó pautas renovadoras del teatro argentino durante dos décadas. Dos temporadas en el primer piso de Maipú 28, donde funcionaba el Sindicato del Seguro, diez temporadas en Corrientes 2120 y varias más en Suipacha 927 configuraron un circuito teatral acompañado por un público fiel y numeroso. Arrancaron con El alquimista de Ben Jonson y dieron cátedra durante diecinueve años. 
En 1952 se convirtió en cooperativa de trabajo y generó una novedad en la escena porteña: el teatro en un escenario circular. Impulsaron obras de autores nacionales junto a obras universales. Alejandra actuó en Medea, de Jean Anouilh, La mujer del corazón pequeño, de Fernand Crommelynck, La otra madre y Bajo fondo, de  Máximo Gorki, La danza macabra de August Strindberg, Androcles y el león, de Bernard Shaw, Raíces y Sopa de pollo, de Arnold Wesker. 
Desde el inicio adhirieron a la estética popular del teatro de Roman Rolland, a los principios teatrales y éticos de Stanislavsky y a los fundamentos económicos y de funcionamiento institucional de André Antoine (ventas de abonos, suscripciones, promoción de nuevos escritores, presentación de obras sin estrenar). 
Convocaron a muchos jóvenes que quisieran iniciarse en los tablados y de ese semillero surgieron actores de la talla de Héctor Alterio, Carlos Gandolfo, Enrique Pinti, Onofre Lovero, entre otros. En otro orden, rozaron la épica al inaugurar dos salas en el centro porteño: Planeta y Apolo, que luego fue el cine teatro Lorange.
En 1970 llegó a su fin esa experiencia de construcción social del teatro. Alejandra trabajó como docente en varias provincias argentinas y actuó mucho: Madre coraje y El círculo de tiza caucasiano, de Bertold Brecht, La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca, Trecientos millones, de Roberto Arlt, Juan Palmieri, de Antonio Larreta, Espectros, de Henrik Ibsen, El inspector, de Nikolai Gogol, Des tiempo, de Antonio Griffero, Escenas de la calle, de Elmer Rice, entre otras obras. 
Simultáneamente, despuntó el vicio de la dirección teatral.  Al hombre, El Pibe de Oro, Emily, Prisionero de la Ciudad y _Despacio, escuela, fueron una muestra de su talento.
Ganó una beca en el Fondo Nacional de las Artes, fundó y presidió la Fundación para las Artes del espectáculo e integró el Consejo directivo del Centro Argentino del Instituto Internacional del Teatro, dependiente de la UNESCO. 
En 1990, fundó el Teatro Experimental que llamó “Andamio 90”, en el centro porteño, donde albergó su propia Escuela de Arte Dramático y germinó otro semillero de actores y actrices como Rita Terranova, Luciano Suardi, Esther Goris, Claudio Quinteros, Inda Lavalle y Claudio Tolcachir (que siguió sus pasos en el teatro independiente y fundó Timbre 4). 
No se privó de generar iniciativas colectivas para defender la existencia, la viabilidad y el funcionamiento del teatro independiente y la cultura. Ejemplo de su lucha fueron M.A.T.E (Movimiento de Apoyo al Teatro), que pergeñó junto a Roberto Cossa y Eduardo Rovner o M.A.R (Movimiento Argentina Resiste) durante la crisis de 2001-2002 que integró junto a Hugo Urquijo, Silvia Bleichmar, Aníbal Cedrón, Norma Morandini, Tito Cossa, Luis Felipé Noé, María Seoane, Mario Rapoport, Luis Quesada y Marikena Monti, entre otros.
Su última interpretación fue el año 2000 en El cerco de Leningrado, de José Sanchís Sinisterra (el mismo autor de Ay, Carmela). Junto a Lydia Lamaisón su pusieron los trajes de dos mujeres que compartían domicilio en el Teatro del Fantasma, un lugar abandonado y a punto de ser demolido en el que rememoraban las obras de teatro que allí se realizaban y a su director y primer actor de quien ambas habían estado enamoradas. El argumento se basó en un hecho verídico que sucedió con el Teatro del Pueblo durante la dictadura militar argentina.
En 2006 su intenso trajinar se permitió un descanso y pasó la posta del buen teatro, de la defensa del teatro independiente y la cultura popular a una generación de la que fue su maestra.
Gracias Alejandra!! Por tu espíritu incansable, tu lucidez para descifrar entuertos en momentos críticos, tu suave humor, tu optimismo inquebrantable. Una integrante sabia y con energía positiva en nuestra popular imaginaria.
 

Alejandra
Alejandra

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