DIALOGO Y DEMOCRACIA
alfosin

Con el intento de asesinato de la Vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner irrumpe un aspecto de la realidad que nos obliga a adoptar una decisión: que hacer… como seguir.

Tanto el Gobierno como Cristina plantean establecer un «diálogo», lo cual no es otra cosa que compartir un relato y su sentido. ¿Qué relato? El que estableció la decisión de la mayoría del pueblo argentino y que se sintetizó en la consigna ¡Nunca más! ¿Qué sentido? El que nunca más deberíamos aceptar estar fuera del sistema democrático y que la vía de todo cambio es la política, en la que se gana o se pierde, pero no se elimina… aun al enemigo.

El límite que se fija con ello no solo descarta la aceptación de regímenes dictatoriales sino también la forma actualizada del autoritarismo: el lawfare, cuya naturaleza no es la instrumentación de argucias legales que también las hace sino que es una estrategia para hacer la guerra por otros medios, tal como lo afirman dos de sus teóricos más importantes, el general estadounidense Charles J. Dunlap y el general chino Qiao Liang. Se trata de eliminar todo límite… también el que distingue lo verdadero de lo falso y por eso puede plantearse un juicio donde la principal acusación por la que se lleva adelante el mismo no puede sostenerse en pruebas objetivas [Mason, Alfredo (2020) Lawfare: la guerra sin códigos en Revista de Filosofía Latinoamericana y Ciencias Sociales n°28].

En este marco aparece una nueva pregunta ¿con quién dialogar, si la principal fuerza opositora sostiene que el atentado fue una farsa y Cristina es jefa de una asociación ilícita? Los canales con esa dirigencia, tanto en el Congreso de la Nación como en la iniciativa privada no deben descartarse, pero no son el principal interlocutor.

La historia del peronismo es rica en ejemplos en los que podemos abrevar. Después de 1955, Juan D. Perón decidió abrir un diálogo con los sectores medios de la sociedad argentina, los cuales habían sido la base social del golpe de estado. Una vez más, la organización popular creció por adición de sectores y como consecuencia de ello, comienza a fluir un diálogo con el resto de la dirigencia dando por resultado el documento La hora de los pueblos (1970) el cual cobra corporeidad en la reunión de la confitería Nino en Vicente López en 1972.

Con ese bagaje podemos concluir que debemos abrir un diálogo con aquellos sectores de la población que aun, en la disidencia de opiniones, están de acuerdo en una actualización del ¡nunca más!, desterrando la violencia de los discursos del odio y restaurando los códigos que Raúl Alfonsín y Antonio Cafiero supieron respetar, dando con ello paso al verdadero debate político.

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