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Dr. Ramón Carrillo. Celebremos la Vida
Dr. Ramón Carrillo con Perón y Evita

Ramón Carrillo nació el 7 de marzo de 1906 en Santiago del Estero, en esa época una pequeña ciudad casi colonial, de quintas, plantaciones de verdura y casitas bajas, con muy pocos médicos pero con las tradicionales curanderas, obreros golondrinas, mucha pobreza y criollos sufridos sobreviviendo en busca de pan y trabajo.

En ese contexto se crió, cursó sus estudios primarios y secundarios y se recibió de bachiller a los 17 años. A esa edad viajó a Buenos Aires para estudiar en la Facultad de Medicina. Se recibió de médico a los 22 años, con medalla de oro y se especializó en neurología y neurocirugía.

En 1927 ganó por concurso el cargo de Practicante Externo del Hospital de Clínicas y comenzó a trabajar como redactor de la Revista del Círculo Médico Argentino y del Centro de Estudiantes de Medicina y como investigador científico.

En 1930 ganó una Beca de la Universidad de Buenos Aires para perfeccionarse durante tres años en Francia, Holanda y Alemania. Mientras estuvo en Europa, Carrillo representó a la Argentina en el Primer Congreso de Neurología, en Berna, Suiza.

Volvió a Argentina en 1933 en plena Década Infame y se asoció a la Escuela Neurobiológica Argentina que funcionaba en el Hospicio de la Mercedes, hoy Hospital José T. Borda y en el Hospital de Alienadas, hoy Hospital Braulio Moyano.

En esa época se relaciona con personajes del nacionalismo popular como Homero Manzi con el que habían sido compañeros en la escuela primaria, con Enrique Santos Discépolo, Raúl Scalabrini Ortiz y Arturo Jauretche entre otros.

En 1939 fue convocado para organizar el Servicio de Neurología y Neurocirugía del Hospital Militar Central de Buenos Aires. Allí percibe la dura realidad sanitaria del país analizando las historias clínicas de los aspirantes al servicio militar, descubriendo el impacto de la pobreza en las enfermedades que esas historias clínicas reflejaban.

En 1942 gana el concurso de profesor Titular de la Cátedra de Neurocirujía de la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires, donde forma una camada de discípulos que en su mayoría llegarían a ser de los profesionales más reconocidos en su especialidad.

Pero Ramón Carrillo tenía ideas muy definidas en relación a la salud pública nacional y una notable atracción por la medicina social.

El 17 de Octubre de 1945 lo sorprende somo Jefe del Servicio de Neurocirugía del Hospital Militar Central. Allí se reencuentra con el Coronel Juan Domingo Perón, quien lo convoca a planificar la política sanitaria de su gobierno y en 1946 lo confirma al frente de la Secretaría de Salud Pública, que rápidamente se transformaría en el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social de la Nación. Desde ese Ministerio trabajaría codo a codo con Evita y la Fundación Eva Perón.

Una reflexión maradoniana del Coronel Perón a Carrillo explica la rápida transformación de la Secretaría de Salud en Ministerio: “Mire Carrillo, me parece increíble que tengamos un Ministerio de Ganadería para cuidar a las vacas y que no haya un organismo de igual jerarquía para cuidar la salud de la gente”

Su concepción social de la medicina se sostenía en la convicción de que los factores indirectos como la alimentación inadecuada, las malas condiciones de vivienda, la falta de higiene, la pobreza y los salarios bajos entre otros eran tanto o más importantes que los microbios, los gérmenes y las bacterias. La prevención de la enfermedad era para Carrillo un tema central de la salud pública. Su prolija formación científica y su enorme cultura popular no lo dejaban dudar: más vale prevenir que curar.

Desde esa perspectiva Nacional y Popular generó la mayor transformación que se haya vivido en la salud pública de un país.

Nace con él el concepto y la doctrina del Justicialismo Sanitario, que vincula toda la acción sanitaria con las políticas de seguridad social, salario y vivienda. Doctrina basada en la dimensión social de la salud, concepto que recién en 1978 adquiriría un status internacional bajo la denominación de Atención Primaria de la Salud (A.P.S.)

En el plano de la organización sanitaria y hospitalaria aplicó un concepto clave: la centralización normativa y la descentralización ejecutiva. Las normas se establecían a nivel nacional y se ejecutaban en cada territorio según sus particularidades. Un ejemplo de federalismo desde la unidad de criterio nacional.

Incorporó a la sociedad argentina las normas sanitarias básicas, como las campañas masivas de vacunación (antivariólica y antidiftérica) y la obligatoriedad de presentación del certificado de vacunación para la inscripción de los niños a la escuela y para realizar otros trámites públicos. Lanzó planes masivos de educación sanitaria e implementó campañas sanitarias masivas contra la fiebre amarilla, las enfermedades venéreas y otros flagelos, con las que prácticamente desaparecieron el paludismo, la sífilis, las enfermedades venéreas y epidemias como el tifus y la brucelosis.

La mortalidad por tuberculosis se redujo en un 75 por ciento y la mortalidad infantil descendió a la mitad.

En sus ocho años de gestión se inauguraron más de quinientos centros de atención sanitaria y hospitales a lo largo y a lo ancho del país. ​Nada menos que 1 cada siete días, un promedio imposible de superar. Entre tantos otros el Hospital de Roque Sáenz Peña, Chaco, Hospital de Jobson-Vera, Santa Fe, Hospital de Pinto, Santiago del Estero; Hospital de Chos Malal, Hospital de Valcheta, Río Negro, el Hospital de Cruz del Eje y el Instituto de Gastroenterología, Hemoterapia y de Dermatología de Capital Federal. Carrillo duplicó la cantidad de camas para internación en el país, agregando nada menos que 66.000 camas a las ya existentes.

En el período 1946 a 1951 se construyeron 21 hospitales con una capacidad de 22.000 camas. La Fundación Eva Perón construyó policlínicos en Avellaneda, Lanús, San Martín, Ezeiza, Catamarca, Salta, Mendoza, Jujuy, Santiago del Estero, San Juan, Corrientes, Entre Ríos y Rosario. La Fundación donaba entre otras cosas ambulancias, consultorios equipados, prótesis y anteojos, y aportaba los medicamentos más costosos para que fueran entregados gratuitamente a la población. Una mezcla explosiva de convicción y coraje político.

Se estableció la gratuidad de la atención de los pacientes, de los estudios, de los tratamientos y de la provisión de medicamentos en el sistema de la salud pública.

Un tren sanitario equipado tecnológicamente y con profesionales de todas las especialidades recorría el país durante cuatro meses al año, haciendo análisis clínicos y radiografías y ofreciendo asistencia médica y odontológica en lugares donde nunca antes había llegado un médico.

Apoyó a los laboratorios nacionales por medio de incentivos económicos para que los remedios fueran accesibles para las mayorías populares y hasta tuvo la osadía de crear la primera fábrica nacional de medicamentos.

La financiación de las obras se repartió entre la Fundación Eva Perón y el Estado Nacional, conforme a las prioridades establecidas: “La Salud Pública no debe tener límites en sus gastos. El límite lo ha de dar la necesidad de curar a todos los enfermos que el país tiene”. Lo trascendente era la salud pública, la salud popular. Y vaya que se cumplió con la consigna. La expresión de Carrillo fue la más acertada: había que llegar a “la Argentina profunda”.

El golpe de 1955 encontró a Carrillo en el exterior. Obviamente sus propiedades fueron allanadas y confiscadas por la reacción oligárquica que lo acusó de enriquecimiento ilícito y malversación de fondos. Como tantos de los héroes militantes del lado Nacional y Popular de la grieta murió a los 50 años pobre y refugiado en Brasil, el 20 de Diciembre de 1956.

Y Carrillo, como tantos otros héroes que forjaron las raíces de nuestra historia, de nuestro presente y nuestro futuro es parte de la savia militante que provoca que a cada paso del camino florezcan millones de flores.

Como tan bien lo expresa el soneto “Si para recobrar lo recobrado” del poeta argentino Francisco Luis Bernárdez:

Si para recobrar lo recobrado
debí perder primero lo perdido,
si para conseguir lo conseguido
tuve que soportar lo soportado,

si para estar ahora enamorado
fue menester haber estado herido,
tengo por bien sufrido lo sufrido,
tengo por bien llorado lo llorado.

Porque después de todo he comprobado
que no se goza bien de lo gozado
sino después de haberlo padecido.

Porque después de todo he comprendido
que lo que el árbol tiene de florido
vive de lo que tiene sepultado.


 

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