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Dolores

Dolores Huerta

Un día como hoy pero de 1930 nacía Dolores Clara Fernández Huerta, inquebrantable sindicalista e incansable activista estadounidense que luchó por mejorar las condiciones laborales de los campesinos, el empoderamiento de la mujer y el trabajo decente de los inmigrantes, y en contra de la discriminación de los latinos en Estados Unidos.
Nació en el pueblo minero de Dawson, Nuevo México, EE UU. Hija de Juan Fernández quien era minero, agricultor, activista sindical y legislador estatal y de Alicia Chávez, dueña de un pequeño negocio.

Cuando Dolores tenía tres años sus padres se divorciaron y su madre decidió mudarse con sus cinco hijos a Stockton, en el valle de San Joaquín, California. Allí abrió un restaurante y un hotel de 70 habitaciones, parte de las cuales destinaba para alojar gratis a familias campesinas pobres. 

En su casa no había privilegios. Todos tenían una tarea para para mantenerla limpia y en condiciones. Esa disciplina familiar y temprana responsabilidad familiar junto a la capacidad emprendedora y la autonomía de su madre marcaron a Dolores desde pequeña. 
Mientras cursaba sus estudios primarios fue niña scout y realizó varias actividades de recolección de fondos para los soldados que luchaban en la Segunda Guerra mundial.

Al culminar la secundaria ingresó al University of Pacific’s Delta Community College donde se recibió de maestra. Comenzó a trabajar en educación primaria pero al tiempo abandonó al verificar que el hambre y la pobreza que padecían sus alumnos les impedía prestar atención y aprender. Según sus propias palabras “…yo no podía ver a los niños entrar al salón hambrientos y necesitando zapatos. Pensé que podría hacer más organizando a los campesinos que intentando enseñar a sus niños hambrientos”.

En 1955 conoció en Fresno al activista social Fred Ross que le enseñó sus primeras armas en organización comunitaria, fue miembro fundadora de la filial Stockton de la Organización de Servicios a la Comunidad (CSO) y luego formó parte del movimiento en la ciudad de Sacramento, capital del estado de California. Luchaban contra la discriminación y brutalidad policial, organizaban registros de los hispanos, negros y blancos pobres para votar, peleaban por mejoras en los servicios sociales y para ejercer presión sobre los políticos. Allí conoció a César Chávez, campesino, sindicalista, educador y compañero de muchas de las luchas que encabezaron más adelante.

En 1960 Dolores creó la Asociación de Trabajadores Agrícolas (AWA) cuyo objetivo fue incluir a los trabajadores/as migrantes indocumentados en los servicios de salud y lograr que los mecanismos electorales fueran democráticos, que existiera material en español y posibilidades reales de empadronamiento para los migrantes. Simultáneamente, apoyó la ley que permitió a los hispanos tomar el examen de conducir en español y, tiempo después, otra ley que revocó el Programa Bracero (acuerdo entre los gobiernos de EE UU y México que expandió el trabajo agrícola en California aplicando míseras condiciones laborales sobre los trabajadores/as migrantes durante décadas). 

Dos años después se unió a César Chávez para conformar la Asociación Nacional de Trabajadores del Campo (NFWA) y lograron una afiliación masiva de los campesinos/as del valle de San Joaquín. En la misma área funcionaba el Comité de Organización de Trabajadores Agrícolas (AWOC) que representaba a los trabajadores/as filipinos de la región y que pidieron su ayuda para sostener el conflicto que llevaban adelante contra las grandes empresas de la uva. Más de 5.000 trabajadores /as protagonizaron una huelga que duró cinco años y que las dos organizaciones sostuvieron. 

En 1963 Dolores Huerta demostró su capacidad negociadora y logró firmar con el estado de California las Ayudas para familias con niños/as dependientes y el seguro de discapacidad para trabajadores/as agrícolas. En 1965 su trabajo fue central para que la NFWA y la AWOC se unieron y formaran el Comité Organizador de la Unión de Campesinos (UFWOK). Un año después tuvieron su primer triunfo: el convenio laboral entre el UFWOK y la empresa vitivinícola Schenley Wine Company.

Sin embargo, la huelga contra las empresas de la uva continuaba. Las y los campesinos demostraron una gran versatilidad para sostener las protestas. Marchas, sentadas, actos y boicots que atravesaron a todas las empresas del sector. Dolores y Chávez lideraron las acciones y las negociaciones. Tres años después las empresas de la industria de la uva aceptaron firmar un convenio colectivo por tres años y otros beneficios sociales. Para ese entonces la organización se había consolidado y se llamaba Unión de Trabajadores del Campo (UFW) sobre la base de las protestas no violentas, la perseverancia en conflictos largos y la capacidad negociadora para lograr mejoras concretas.
El triunfo fue grande pero no consolidó un piso de negociación permanente para los trabajadores/as agrícolas. Comenzaron, entonces, un boicot contra los productores de uvas, lechuga y vinos que no solo incluyó la difusión masiva de las condiciones laborales de los trabajadores/as de la región sino también el uso que hacían las empresas de productos insecticidas que atacaban la salud de los consumidores y degradaban el medio ambiente. Como corolario de esa enorme lucha se aprobó en 1975 la Ley de Relaciones Laborales Agrícolas de California, primera ley en USA que reconoció a los trabajadores/as del campo el derecho a organizarse colectivamente y negociar aumentos salariales y condiciones laborales y nuevas normas de salubridad.

Dolores tuvo que soportar la discriminación por su condición de mujer y su origen étnico no solo del poder económico y político sino también por parte de muchos de sus compañeros de militancia. Fue una constante que se presentó en toda su vida y que enfrentó con hidalguía pero también con vergüenza ajena. Fue una gran contradicción porque se jugaban la vida contra las grandes corporaciones pero no pudieron superar esa limitación al interior de las organizaciones sociales.
Su actuación creció. Formó parte de People for the American Way que bregaba por la justicia efectiva en los tribunales, la libertad de expresión, la creación de condiciones para votar, la separación del estado y la iglesia y la participación cívica y de la Federación de Consumidores de California que emprendió numerosas campañas contra el alza de los precios y contra la publicidad engañosa.
En 1988 participó en una protesta tumultuosa contra la postulación del conservador George Bush, un policía la golpeó, le fracturó cuatro costillas y le produjo la explosión del bazo. Tuvo una larga recuperación y accionó judicialmente contra sus atacantes. Alcanzó un arreglo extrajudicial, cuyo monto económico donó a la organización de los trabajadores/as agrícolas y logró que la policía de San Francisco cambiara sus prácticas de control de las multitudes y modificara sus reglamentos de disciplina policial.
Luego de ese hecho participó de la Fundación de la Mayoría Feminista con la cual recorrió el país durante dos años para lograr que la mitad de los cargos públicos fueran ocupados por mujeres (Campaña 50/50). La postulación y elección de mujeres latinas y negras en los cargos creció notablemente después de esa campaña. La Fundación también enarboló la bandera del respeto a la colectividad LGTB y la participación de mujeres en las organizaciones sindicales y sociales. 
Dolores Huerta es madre de 11 hijos/as, abuela de 14 nietos/as y bisabuela de una biznieta. Mixturó su papel de sindicalista y organizadora con el de madre y contenedora de una familia numerosa. 
Gracias Dolores!! Por tu coraje, por tu lucha incansable contra la desigualdad, la injusticia y la discriminación, por tu capacidad para convencer y tu habilidad para negociar con los poderosos.

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