fbpx ¿El fin de la historia neoliberal? | Otra Voz
¿El fin de la historia neoliberal?
La pandemia alteró el orden mundial

"Lo que revela esta pandemia es que la salud gratuita, sin condiciones de ingresos o profesiones, nuestro estado de bienestar; no son costos sino bienes preciosos, activos esenciales cuando golpea el destino. Lo que revela esta pandemia es que estos bienes y servicios tienen que estar fuera del mercado". 

Emmanuel Macron, presidente francés 12/03/2020.

Tuvo que llegar una pandemia  para que afirmaciones como esta salgan de la boca de un acérrimo neoliberal como Emmanuel Macron, quien se ganó una ola de protestas  en su país por aumentar el precio de los combustibles y promover reformas laborales y del régimen de pensiones. Resulta increíble que los defensores a ultranza del libre mercado ahora razonen sobre la importancia de la salud pública y “descubran” que ciertas cuestiones no pueden quedar liberadas a las reglas del mercado.

Tuvo que llegar un virus de lo más potente para que los privilegiados del mundo entiendan que lo público nos concierne a todos, que por más seguro de salud privado que se tenga,  nuestra vida depende de un sistema solidario y de contención.

A los neoliberales siempre les gustó la idea de considerar a cualquier cosa como un costo: la salud, la educación, el trabajo. A todo le dan identidad de mercancía, a todo se le pone un precio sin importar la cuestión humana. El trabajador es entonces, una variable en el proceso productivo, por ende, cuanto menor sea su costo, mayor será la ganancia del capitalista. Esa lógica viene siendo aplicada en el mundo desde fines de los años ’70 en adelante. Luego de la caída del Muro de Berlin en 1989 y de la URSS en 1991 se habló del “fin de la historia” a raíz del triunfo de la globalización por sobre los modelos socialistas. Así fue que comienza a plantearse la idea de Estados mínimos, por ante los Estados benefactores de los tiempos de posguerra.

En Latinoamérica la imposición del neoliberalismo no fue para nada pacífica, y se necesitaron dictaduras militares para imponer estos modelos a costa de sangre, represión y muerte. Todo este tiempo, con idas y venidas, nos trataron de convencer ideológicamente que cuanto menos mejor, que quien pretende acceder a la salud, a la educación o a la vivienda debe pagar por ello, y el que no tiene simplemente se jode.

Ahora resulta que viene este coronavirus a patear el tablero y a dejar todas las fichas desordenadas. A ponernos en alerta más allá de las fronteras, a advertirnos que se necesitan  Estados presentes, que la salud pública es necesaria y que el individualismo no nos conduce a ningún lado. Aquí, en China, en Europa, en todos lados. Nadie se salva en sociedades donde la codicia es la regla, donde el otro no vale nada, donde todo tiene un precio, donde los derechos son para pocos. No somos costos, somos personas, y las leyes del mercado no hacen más que deshumanizarnos.

Afortunadamente, dentro de todo este caótico panorama, y dentro de nuestro delicado contexto socioeconómico luego de cuatro años de macrismo, los argentinos tenemos la suerte de tener un gobierno que está a la altura de las circunstancias. Y digo suerte porque si esto ocurría el año pasado no teníamos ni siquiera un Ministerio de Salud. Por el contrario, el gobierno neoliberal de Mauricio Macri ajustó la salud pública,  fueron despedidos miles de médicos, enfermeros y trabajadores de la salud;  fieles a su esencia, destruyeron el Estado porque nunca creyeron en él. Ahora nos toca vivir este aislamiento, con la incertidumbre de que nos pasará económicamente, porque muchos estamos percibiendo menos o nulos ingresos a raíz de toda esta situación. Pero sabemos que habrá una salida desde el Estado,  que estamos acompañados, porque bien lo ha expuesto Alberto Fernández en la apertura de sesiones ordinarias: la solidaridad es el eje de todo. Y hoy es esa solidaridad la que nos sostiene, la que nos hace quedarnos adentro lo máximo posible, porque justamente no somos mercancías reemplazables sino personas, así se nos entiende en este nuevo contexto.

Seguramente el coronavirus pasará como han pasado otras enfermedades, lo que es seguro es que el mundo ya no será el mismo, ni nosotros seremos los mismos. Tal vez estos días de aislamiento nos sirvan para reflexionar y entender lo que hace tiempo venimos explicando: que no somos sino partes de un todo, y que si ese todo no funciona a la larga o a la corta, cada uno de nosotros tampoco.

Dejanos tu opinión

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
CAPTCHA
Esta pregunta es para comprobar si usted es un visitante humano y prevenir envíos de spam automatizado.