El Peronismo en el País de la Posverdad
Peronismo. Pintada militante en un calle cualquiera.

Ayer hablé de las falsas Alicias, las Alicias de la autoayuda. No es que esté mal dicha herramienta, pero indudablemente hay algo malo en la intencionalidad de impostar, falsificar una obra para así validar el contenido apócrifo mencionado.

Y ahora voy a hablar de otras falsas Alicias. Las Alicias de la militancia de redes sociales. Las Alicias truchas con remera de Perón.

El abuelo en el país de la oligarquía:

Mi abuelito paterno todo cagado de hambre en Santa Fe fue peronista desde el inicio del peronismo. Sencillo: antes y después del estatuto del peón su vida fue otra. Todo el resto de su vida se dedicó a la organización del pueblo en pos de su felicidad. Mi abuelito se vino para Buenos Aires en los años 70s, alquilaba una pensión en la calle Ramón Falcón cerquita del lugar donde finó José Ignacio Rucci. Y mi abuelito estaba al pedo después de laburar y en la calle Boyacá se puso una unidad básica llamada UNIDAD LATINOAMERICANA.

Y mi abuelo, que tenía edad para ser Guardia de Hierro, era Tendencia Revolucionaria. ¿Entienden dónde se puso en ese momento? Estaba con la juventud, no le interesó un peronismo dogmático.

Decía mi papá que una vez estaban en la UB y se presentaron unos señores todos con mucha pinta de policías. "Bravo, unas palabras" le dijeron a mi abuelo ("Bravo le decían a mi viejo" contó mi papá). Eran Guardia. Querían llevarse a uno de los compañeros de mi viejo y mi abuelo, a un chico judío.

"No" dijo el abuelo. "Este chico de acá se va a su casa, ¿estamos?"

Los señores que habían venido por el muchacho judío se pusieron tensos. Toda la unidad básica se puso tensa. El país era un polvorín y el peronismo un campo minado. Se fueron dando a entender que habían sido las pelotas de mi abuelo lo que los disuadía en ese momento de no empezar el carnaval de violencia que conocimos demasiado bien. El pibe judío zafó y mi viejo, que muchas veces renegó de su padre como padre, jamás tuvo un "pero" hacia él como MILITANTE.

Y acá me quiero quedar, en la palabra MILITANTE.

¿Qué es un militante peronista? ¿Cómo reconocerles entre la masa desbordada de ridículos gritones, alcahuetes, botones, obsecuentes, comentaristas, neófitos e impostores? ¿Existen los militantes peronistas por fuera de la organización?

Militante no es la persona que está toooooodo el día hablando de Perón, Evita, Néstor o Cristina. Igual que una persona que hable tooooodo el día de yoga no necesariamente sabe yoga. O el que hace ayuno una semana no necesariamente va a salir iluminado.
Militante no es el que más putea vía Twitter o Facebook contra las intervenciones extranjerizantes en nuestra cultura. No bancar San Valentín no te hace más Peronista.

Leer y repetir como un loro entrenado pasajes doctrinarios para que otras personas te aplaudan tampoco es militancia. Ni subir fotos de Néstor. Ni copiarle los chistes a los trolls nuestros de Twitter (fuera de joda ¿se creen que no nos damos cuenta o qué?).

Pasar un rato los jueves de las Madres es un gesto hermoso y dulce. Pero no vas a estar mucho más cerca de la militancia que tomando un té en el bar de su facultad.

Militar es organizarse. Primeramente salir del confort: abandonar la soledad cómoda de lo virtual y salir a conocer otros peronistas. ¿En un café? ¡NO! en una Básica.

¿Por qué en una Básica y no en el Starbucks de la esquina?

Porque significa laburar. No tiene un pingo que ver con sentarnos con gente afín a hablar mal de los no afines. Es laburar CON OTRAS PERSONAS, muchas veces desconocidas, algo que nos preocupa. Tomar participación en algo más grande que lo que uno puede hacer sólo. La gran mayoría empieza con ollas populares y comedores de toda índole, no porque el peronismo se ocupe sólo del hambre, sino porque no hay nada que necesite más organización que hacer de comer. Ahí podés entrenarte entre corte y corte de cebollas en el arte de ser un militante orgánico. Pagar con humildad todo lo que este país nos ha brindado y brindarle también con humildad los cambios que entendés necesarios.

El peronismo nunca necesitó publicistas. Ni fans. Mucho menos es una arena para perseguir minorías. El peronismo no existe para oponerse al progresismo ni es su comisario. Peronista no es el más obsecado sino quien más sienta la necesidad y el dolor ajeno a y esté dispuesto a unirse a otros (muy distintos a uno) para lograrlo. Eso exige el sacrificio de nuestro ego.

Por eso amor mío, cuando un imbécil educado para odiar empiece a los gritos pelados reales o virtuales por una E, acusándote de ser embajador de Soros, cuando un estúpido sin autoestima quiera inflar su peronismo a costa de cualquier minoría, cuando veas que a tu compromiso le quieren poner una etiqueta de validación esta manga de injunables virtuales que sólo hablan de peronismo para ver si con eso la ponen, tenés que saber que estás ante un impostor. Una falsa Alicia. Un ser nefasto y dañino que usa el peronismo como herramienta para dañar. Y lo que es peor: quiere volver al movimiento político más importante del siglo XX una hoguera de trolos, tortas y progres.

No le importa el peronismo.
No le importa el país.
Le chupan los dos huevos la gente con hambre.
El dolor le es completamente ajeno.
El peronismo no necesita barrabravas, y menos unos tan cobardes como estos que reptan en las oscuridades de lo virtual.

Ser militante peronista es jugarse la piel por el otro siempre buscando su felicidad.

 

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