fbpx Estrategias para erosionar al gobierno y alternativas para su neutralización. | Otra Voz
Estrategias para erosionar al gobierno y alternativas para su neutralización.
Asunción de Alberto Fernández y Cristina Fernández.

Si pretendemos pensar algunas formas de contrarrestar la ofensiva actual de los enemigos externos e internos de Argentina, es importante tener una visión lo más comprensiva posible sobre las características de esos enemigos.

En principio tenemos que tener claro que si bien ese enemigo está conformado por múltiples actores sociales, cuando enfrentan un gobierno que defiende los intereses del pueblo, actúan en perfecta armonía para cumplir su objetivo.

Los principales actores sociales que conforman el bloque antidemocrático son:

Los enemigos geopolíticos externos que quieren mantener la subordinación del país a los intereses del imperio de turno, en este caso representados por la Embajada de EEUU y las corporaciones económicas, financieras, extractivistas e industriales extranjeras,

Los enemigos políticos y económicos internos, que son la elite dominante de los últimos 200 años comandados por la tradicional oligarquía rentista terrateniente de la zona núcleo de la pampa húmeda, que se apoderan anualmente de 8.000 millones de dólares en concepto de alquileres de la tierra.

Las empresas transnacionales exportadoras de nuestros productos primarios, que se apoderan de una suma estimada en 18.500 millones de dólares. Lo que explica que también tienen sobradas razones para impedir cualquier intento de intervención estatal.

Las empresas concentradas concesionarias de los servicios públicos y de las mayores obras públicas, integradas por empresarios locales de la patria contratista asociados a empresas internacionales.

El sector oligárquico que domina y maneja la estructura judicial y siempre actúa en función de los intereses políticos y económicos de la elite y la Embajada de turno.

Los políticos y operadores mediáticos de los medios concentrados de difusión masiva, financiados por la Embajada y los sectores anteriormente mencionados.

Los políticos antipopulares y antiperonistas que desde 1945 operan contra los gobiernos de corte popular, liderados por los partidos conservadores liberales y oligárquicos que manejan a los supuestos radicales que se les asocian y les dan soporte territorial y legitimidad social.

Más allá de que en todos los actores sociales mencionados hay una confluencia de componentes económicos e ideológicos, en este actor social es sumamente relevante el componente ideológico, profundamente antipopular. Sin menospreciar por supuesto el componente financiero aportado por la Embajada, las empresas concentradas y las elites de poder local.

La acción conjunta de estos sectores arrastra a un porcentaje de la población que ha sido sistemáticamente desinformada de la historia, la cultura, y las verdaderas potencialidades económicas e industriales locales, y que hace 170 años es formada en una educación sarmientina que instala tanto a docentes como a estudiantes que la civilización está en el extranjero y la barbarie dentro de nuestro país. Y los convence que desde hace 70 años, que la barbarie está representada justamente por el peronismo, al que se demoniza sistemáticamente.

Esta formación sarmientista que sigue siendo preponderante en las instituciones académicas genera contenidos ideológicos asociados a la supuesta debilidad de la industria, la ciencia y tecnología, la economía, la cultura y la política nacional y la sensación de que somos un país pobre y sin recursos, que necesita la permanente ayuda de países y financiadores externos.

Todo esto ocultando que del supuesto país pobre las elites sustrajeron 400.000 millones de dólares desde 1976, a la vez que provocaban un salto de la pobreza que en ese año era del 3% a cerca del 40% que se verificó en el último gobierno oligárquico liberal que asoló el país del 2015 al 2019.

La colonización mental que se ejecutó tradicionalmente por medio de la escolarización sarmientina, a partir de 1976 se perfeccionó progresivamente a través del dispositivo mediático privado que hoy concentra nada menos que el 80% de la producción y la distribución de información tóxica, y tiene un funcionamiento similar al de la actual pandemia.

El nivel de contagio es rápido y progresivo, provoca enorme incertidumbre y stress y suele ser letal para las poblaciones más vulnerables. Y muchos de nosotros somos portadores asintomáticos que nos creemos libres del virus pero sin darnos cuenta colaboramos a su reproducción.

El virus circula al interior de las personas sin que se tenga conciencia de ello. El liberalismo y el individualismo que se han hecho predominantes en los últimos 45 años nos ha penetrado a todos sin que lo percibamos, a algunos más y a otros menos según los anticuerpos históricos, políticos y culturales vinculados a la cuestión nacional y popular que hayamos podido incorporar en el entorno familiar, en el barrio o en la participación política, gremial o cultural dentro de organizaciones afines al movimiento nacional.

El proceso de ideologización mediática incentivó desde la vuelta a la democracia en 1982 los contenidos neoliberales de la antipolítica, la predominancia de lo privado sobre lo público, la degradación del Estado y el mito de las libertades absolutas y el individualismo a ultranza, así como la idea de que los gobiernos populistas son corruptos, mantienen a los vagos que no quieren trabajar y lo hacen con los impuestos excesivos que les cobran a los que trabajan.

Esto explica que bajo el dominio de los medios de comunicación el 40% de la población esté ideológicamente comprometida en defender políticas que les son económicamente perjudiciales, pero que les garantizan mantener al demonio controlado y en lo posible destruirlo. También produce e incentiva el resentimiento y el odio de gran parte de ese 40% de la población hacia los gobiernos populares y las poblaciones que los apoyan.

Esta es la base ideológica y política sobre la que se montan las minorías oligárquicas y los políticos y medios masivos que controlan, para generar una situación de enfrentamiento civil de gravedad institucional.

Es interesante percibir que la oposición en su conjunto hace más de 10 años que insiste en la idea de que Argentina avanza hacia una situación similar a la de Venezuela, y ahora se puede entender como una estrategia comunicacional para responsabilizar a los gobiernos populares del enfrentamiento civil que vienen preparando al estilo de la oposición venezolana dentro de la estrategia de las embajadas de EEUU en todo Sudamérica.

En este sentido se entienden las manifestaciones antipolíticas, anticuarentena y antigubernamentales en tantos países, que tienen un objetivo destituyente y golpista, como una forma de neoterrorismo.

En nuestro país el odio ha sido muy estratégicamente incentivado y perfeccionado en los últimos años por el macrismo para movilizar estos grupos alienados que vimos en la manifestación anticuarentena del 17 de Agosto, a través del dispositivo articulado por los medios masivos, la corporación judicial y su ejército de trolls. Esto como parte del plan continental organizado por la Embajada estadounidense para disciplinar su tradicional patio trasero.

A través del mensaje mediático unificado se construye en la opinión pública la figura de los referentes populares como demagogos totalitarios, ladrones y corruptos que en forma fraudulenta ganan las elecciones, se los descalifica y demoniza y se los convierte en un enemigo de la democracia y las instituciones de la República.

Esto rompe toda posibilidad de entendimiento, elimina el orden democrático eleccionario y convierte en una ficción la labor parlamentaria. Simplemente porque los diputados y senadores de la oposición fingen en las sesiones que quieren dialogar, para salvar las apariencias, mientras traban toda posibilidad de debate de las propuestas del oficialismo.

Como ya hemos desarrollado en otras columnas, los gobiernos populares, incluidos los de Néstor y Cristina y el actual de Alberto no llegan a planificar e implementar una política de comunicación eficaz para encarar la batalla comunicacional.

Probablemente hoy el gobierno debería tener una posición, una estrategia y un discurso más firme frente a los desestabilizadores que envenenan a la población y frente a las salvajes movilizaciones de los anticuarentena que se burlan tanto de las leyes como del personal de salud y otros servicios esenciales que están arriesgando y perdiendo sus vidas para salvar las de todos, y ponen en peligro la salud de las mayorías.

Pero hay que ser respetuosos de las decisiones que se toman cuando se está en ejercicio de cargos políticos. Veamos porqué.

Frente a la situación actual el Gobierno Nacional se encuentra en una muy complicada disyuntiva.

Por un lado seguir el camino del diálogo y la búsqueda de un entendimiento con la oposición –cosa que como se nota en nuestro país y en toda Sudamérica se presenta como muy poco probable-, con el grave riesgo de darle entidad al discurso terrorista y desalentar a la ciudadanía respecto de la fortaleza y decisión del gobierno para frenar la desestabilización.

Por otro lado plantarse firmemente frente a la oposición salvaje y desnudar sus intenciones desestabilizadoras, lo que significa enfrentar al bloque integrado por los opositores internos y externos. En este caso necesita del soporte irrestricto de las mayorías populares que lo apoyan, que son los únicos que seguramente no lo van a traicionar.

Si nos vamos a defender lo más importante es saber de qué, y tener un diagnóstico comprensivo de la situación. Esto nos ayuda a entender que quiere decir la batalla cultural, que es la batalla por la información y la interpretación ideológica que se instala en la mente de la población para movilizarla en contra de los gobiernos populares.

Entonces nuestra tarea es informarnos e informar, expresarnos públicamente en todo lugar y toda oportunidad en que podamos. Y manifestar nuestra percepción de la realidad con el orgullo de ser sudamericanos, argentinos y parte del proyecto independentista, democrático, nacional, popular e inclusivo.

Poner el cuerpo para defender y manifestar pública y contundentemente nuestro apoyo irrenunciable al gobierno popular. El presente y el futuro de nuestras propias vidas y las de nuestros hijos dependen de lo que hagamos aquí y ahora.

Nosotros sí podemos y debemos desnudar a los hipócritas como Larreta, Santilli, Morales y los que en plena pandemia siguen aprovechando en su beneficio las inversiones que realiza en todo el país el Gobierno Nacional para paliar el flagelo, fingen su apoyo, aprovechan las fotos con Alberto Fernández y Axel Kicillof y por otra parte siguen haciendo negocios, siguen desestabilizando y haciendo campaña política para las elecciones del 2021 y el 2023.

 

En principio cada uno de nosotros debemos estar preparados para llenar las plazas del país el mismo día en que el Ministerio de Salud de la Nación nos habilite para salir. Ese día debemos tener en nuestra conciencia la orden del General San Martín gritando “A la carga mis valientes”.

Dejanos tu opinión

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
CAPTCHA
Esta pregunta es para comprobar si usted es un visitante humano y prevenir envíos de spam automatizado.