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La desaventura de los años impares
listas

El desarrollo de los sucesos que relatamos y comentamos el domingo pasado en este espacio a partir del cierre de listas, reacomodamiento del tablero ejecutivo e inicio formal de las campañas se limitó a reafirmar lo hasta el momento sostenido.

Con el pasar de los días queda cada vez más claro que el sector agropecuario no será eje de la discusión, realmente ya no es algo que nos tenga que sorprender, de ningún espacio político, algunas figuras buscarán mostrarse con aquellos actores en los que pueda generar un cambio de tendencia o imagen.

Tal es el caso de la senadora Sacnun, quien teniendo la agenda de CFK se sentó en la mesa de la Secretaría de Energía encabezada por Darío Martínez para discutir la reglamentación de la insípida nueva ley de biocombustibles. Una ley que el Congreso tranquilamente podría no haber votado ya que deja todo en manos de la reglamentación, tal es así que una senadora que la voto tiene que ocuparse y preocuparse por lo que saldrá con la firma de Darío Martínez para poder ofrecer alguna muestra de gestión en el seno de su provincia y de su sector económico más importante.

Difícilmente la política pueda resistir esta dinámica durante mucho tiempo, los dobles mensajes, la hipocresía y el oportunismo están sepultando absolutamente toda posibilidad de reversión de este duro cuadro que nos toca desde hace no menos de ocho años.

Esto seguramente no se dejará entrever hasta el día siguiente a las generales de diciembre, día en el cual comenzará el camino al 2023, ¿tendremos la posibilidad de ver una reconfiguración del tablero político en el que las provincias propongan un nuevo eje de ideas?

Hasta el momento no pudimos más que analizar una política marcada por la pandemia, la deuda y la inestabilidad cambiaria, una infinidad de decretos en los que se repiten las siglas del AMBA, y un presidente que insiste en hablar de un “norte empobrecido y una Patagonia postergada”.

Un gobierno central alejado de las realidades de los distintos territorios y por ende de sus problemáticas, un cóctel difícil de tolerar a la hora de encarar la supuesta reconstrucción Argentina.

En la semana tuve la posibilidad de tener una extensa charla en el programa de Daniel Tognetti en la AM 530, repasando distintos temas de actualidad terminamos reflexionando sobre el proyecto de promoción a las exportaciones agroindustriales, cuestión que ya lleva más de un año en la agenda parlamentaria y que hemos tratado en esta sección con optimismo sobre como desde ese poder se estaba intentando conducir la agenda productiva.

Nuevamente el Congreso cayó en la desgracia de los años impares, los años electorales, y la parálisis se sintió.

¿No será tiempo de repensar muchas cuestiones que hacen a nuestra vida democrática?

¿Por qué desde ninguno de los espacios políticos tradicionales se cuestiona a la Constitución del 94?

Más de uno de ustedes leyendo estas líneas seguramente se escandalizará, pero en un período tan prolongado de estancamiento y decadencia creo necesario replantear las cuestiones más fundamentales de nuestro quehacer político.

Los años impares cada vez nos aportan menos, los electores acuden a las urnas menos esperanzados y la política se transforma en una práctica sectaria, de pocos, que se pone de espalda para con la sociedad o por lo menos con sus votantes para ejercer el poder en su forma más amorfa.

Los años de elecciones sean del tipo que sean tienen que, de seguir concibiéndose como tales, los años en los que podemos rediscutir los modelos productivos, de desarrollo, sociales, de derechos, no ser solo los años en los que festejan 1, 10, 15, o 20 nombres y apellidos de una larga lista de desconocidos para la gran mayoría de la sociedad que figuran en un papel en un cuarto oscuro.

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