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La ignorancia de las élites
La ignorancia de las élites

Los procesos de crisis, ponen en evidencia los comportamientos sociales más profundos, aquellos que hacen a la mirada construida por el relato dominante durante siglos, que privilegia la visión histórica pequeña, construida por los europeos, siempre referencial y sobre personajes, presentándose como incubadora del mundo y la otra historia, la grande, que relata los acontecimientos humanos, desde los pueblos. Esta reflexión en tiempos de Pandemia, me remite a Rodolfo Kush, ya que planteaba que “una piedra tallada nos habla de la historia de la humanidad y la espada de Napoleón, nos fija en el personaje”. Es la diferencia, nos dice el filósofo, entre el “estar” de los pueblos al “ser”, de los referentes individuales de la historia. Sin dudas que San Martín constituye una referencia esencial de nuestra construcción de identidad, pero su gesta es sobre la base, nunca contada, de los miles de hombres y mujeres, negros, criollos, mulatos, mapuches y tehuelches, que construyeron esa historia que protagonizaron juntos, a su mando. Esa negación llega hasta Perón y las masas que forjaron su liderazgo, no sólo ocultadas, sino denigradas y vilipendiadas, por las élites manipuladas por el mitrismo militante, en su realto de la historia pequeña, que subsiste hasta nuestros días y se prolonga en el diario La Nación, denominado a sí mismo, como Tribuna de Doctrina, desde donde hace más de un siglo ataca toda manifestación nacional y popular. Es que las élites son esa mezcla rara de oligarquía, cuando adquiere poder y de clase aspiracional, cuando no lo tiene. Pretende ser de alcurnia, se refleja en ella, como forma de escapar al temor reverencial a la muerte y a la pobreza. El primer temor inconsciente, el segundo que la moviliza y le hace ser funcional a cualquier maniobra, destinada a desalojar la gran historia, que es de los pueblos, de la cual pretende alejarse. Cuando la cuarentena que salva miles de vidas, se transforma en una construcción colectiva, las élites sienten ese miedo que las paraliza, que es ni más ni menos que la posibilidad de un comportamiento social similar al del conjunto social, al cual deberían pertenecer, pero se niegan. Es que la cultura del “ser”, afincada en un individualismo que todo lo destruye, en camino de un egoísmo militante, les impide integrarse a la gran historia, siendo manipulados por los dueños del poder, cultores y difusores permanentes de la pequeña historia, que desnudó con certeza filosófica Rodolfo Kush y definió después Fermín Chávez con la Epistemología de la Periferia, centrando el pensamiento soberano  e identidad del pueblo, ajeno a cualquier colonización de “otros centros”. Es fácil, dice el filósofo “escribir la historia desde Buenos Aires, difícil de imaginar desde Jujuy y el Altiplano”. Esa historia que Mitre oculta, es la historia del pueblo protagonizando epopeyas, en el mejor de los casos minimizadas, como esa inconmensurable gesta del Éxodo Jujeño, puesta en cabeza merecida de Belgrano, pero que es producto  del sacrificio de los jujeños, que quemaron sus ranchos y dejaron sus pertenencias, para construir la Patria, mientras las élites se escondían de los fusilamientos de nuestro héroe nacional, a quienes planteaban, que les daba lo mismo vivir, con los españoles o en libertad patriótica. Hoy muchos sectores de la colonización, que la “pedagogía de la periferia” construyó en nuestro país, siguen lamentando no haber sido ocupados por los ingleses en las invasiones de 1806 y 1807, en esa idolatría cipaya de la adoración de la “civilización”, que viene de afuera, frente a la “barbarie” de criollos, negros, originarios e inmigrantes de todos los pueblos del mundo, que estamos forjando nuestra identidad nacional de Patria Grande. Cuando algunos dijeron “barcos” otros dijeron “tierra”: los primeros lo decían desde 10 mil años de historia, la gran historia y los otros dijeron “que habían descubierto” lo ya existente. Hoy frente a la Pandemia, sucede en lo cultural algo similar: el pueblo protagoniza una epopeya en defensa de la vida de todos, con sus generales al frente; a las élites les da lo mismo la Cuarentena, por el temor a la pobreza, aun arriesgando la muerte de sus seres queridos. En el medio, miles y miles de héroes anónimos siguen escribiendo la gran historia, frente a las “patéticas miserabilidades” de las élites antipopulares, que prefieren el suicidio antes que abandonar sus sueños de oligarcas. “Nadie se salva en un país que no se salva”, nos dice una de las máximas del peronismo. El darwinismo social que pretenden practicar los Trump y los Bolsonaros, son propios de las élites oligárquicas antipopulares, que en nuestro país, ni siquiera tienen el arraigo patriótico, que expresan otras sociedades. El único sujeto que construye la historia, la grande, es el pueblo como conjunto de una voluntad común y escribe en letras de molde la solidaridad como bien común, en un destino compartido. Por eso el pueblo, la gran historia siempre vence.

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