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La palabra amenazada. Nuevas tecnologías
La palabra amenazada. Redes sociales.

“La lengua no es el caballo del pensamiento, sino su jinete”

José Martí

“Cuando la violencia se apodera del lenguaje, acontece la repetición

compulsiva del insulto -nuestro sempiterno ‘boludo’-, la blasfemia de la agresión

sexual –‘hijo de puta’-, el incesto verbal –‘fuck your mother’-.

Cuando es el lenguaje el que se apodera de la violencia, tenemos a Esquilo,

a Shakespeare, a Quevedo, a Borges: la maldición sacra, el

exorcismo necesario, la expulsión de los demonios íntimos y sociales”.

Ivonne Bordelois

El desarrollo y la aplicación de la cibernética durante los años 50 y 60, dieron lugar al advenimiento de infinidad de máquinas que hoy pueblan el mundo, una verdadera revolución comparada con la revolución industrial del siglo XIX.

La cibernética surge como disciplina en torno al interés por las comunicaciones y la información al término de la Segunda Guerra Mundial, y vinculado a lo económico. El problema que había que resolver era eliminar el ruido no deseado de las líneas de comunicación electrónica, y fue así que el matemático Norbert Wiener, investigador del Instituto Tecnológico de Massachusetts, desarrolló una teoría de cómo lograrlo, y presentó una máquina digital, electrónica, que permitía almacenar datos en una cinta magnética, funcionando como una suerte de memoria.

Se llamó intégrafo, y años más tarde es reemplazado por su pariente próximo, el ordenador digital o computadora.

Cibernética es una palabra derivada del griego ‘kibernetes’, que significa timonel, y en 1948, Wiener circunscribe con este término ‘la ciencia que estudiará el control y la comunicación en la máquina y en el animal, concebidos como un sistema que se autorregula por retroalimentación continua’. El resultado será un efecto de acercamiento entre la idea de la máquina y los seres vivos, los sistemas sociales y aún la mente.

La teoría de la información que la cibernética sustenta, le permite extenderse en su aplicación a campos tan diversos como la inteligencia artificial, la robótica y la informática.

Lacan trabaja la cuestión de la cibernética en el Seminario II, ‘El Yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica’ (1954-55), y plantea una serie de problemas asociados al lenguaje, en conexión con la concepción freudiana de inconciente y el automatismo de repetición.

En principio, Lacan no desconocía que la noción de máquina tal como se la conocía en el contexto del mecanicismo, había cambiado de sentido desde la aparición de la cibernética: en contraste con la concepción que hace de la máquina un simulacro de lo viviente, para Lacan la máquina encarna la actividad simbólica y su insistencia, que Baudelaire poetiza en torno al reloj...

“Reloj!!...dios implacable, siniestro, solapado, cuyos dedos, ‘¡Recuerda!’, dicen amenazantes…”

El cambio de sentido implica la diferencia que media entre una máquina concebida como un conjunto de piezas ensambladas mecánicamente, cuyo modelo básico es precisamente el reloj, donde espacio, materia y movimiento constituyen espacios de una composición, y una máquina en cuya base se encuentra un modelo computacional donde lo que prima es su funcionamiento de auto-replicación, de auto-regulación programada, con el recurso digital para proveer el mensaje.

Esta máquina nos trae la dimensión de algo que funciona por sí solo, con total independencia del sujeto, lo que Lacan homologa a lo que ocurre con el lenguaje y le permite concebir un inconciente funcionando como una máquina, cuyo ejemplo paradigmático es la máquina de soñar.

Las nuevas tecnologías de la comunicación y de la información son una institución imaginaria social, es decir, una creación de la sociedad cuya efectividad no sólo se basa en los mecanismos, materiales y procedimientos propiamente técnicos, sino y sobretodo en las creencias, expectativas, recuerdos y simbolismos de la sociedad. De manera que la eficacia del sistema tecnológico depende tanto de las creencias y expectativas que la enmarcan como de sus componentes materiales y lógicos.

Las significaciones a que nos referimos son, por ejemplo “progreso”, “novedad”, “desarrollo”, la temporalidad del advenimiento que expresa el “ya llegan…”, el imaginario de que “todo es posible”.

Las nuevas tecnologías, entre las que destaca Internet, constituyen el discurso de las promesas, las representaciones y los procedimientos en función de los cuales se deben tomar decisiones y actuar tanto a nivel individual como social.

Además de que casi todos los proyectos político-educativos se fundan en promesas de un ‘futuro glorioso que está por llegar’ y al que ‘todos tendrán acceso’, las nuevas tecnologías se adaptan a los usuarios, haciendo fáciles y asequibles los usos de sus productos.

El diseño, formas y colores, las interfaces gráficas, la personalización…todo está preparado para promover la ciega adhesión de los consumidores.

La principal ventaja es la libertad de movimiento que brinda el estar conectado a las redes: el primer poder que las nuevas tecnologías dan al usuario es la movilidad continua y la conexión permanente. Prometen y cumplen con lo prometido: es posible realizar complejos cálculos en segundos, comunicarse desde cualquier lugar del mundo y gratis, conectar la computadora y obtener e intercambiar información sobre cualquier tema, conversar con la imagen del interlocutor desde los sitios más remotos,….las posibilidades son infinitas, realizables, reales.

Escribir, diseñar, escuchar música, acceder a películas, ver fotos y videos, altavoces, micrófono, impresora, escáner…un aparato tecnológico es una puerta abierta al sistema técnico total al que remite, esto es: al conjunto de habilidades visuales, auditivas y manuales; a una modalidad de lenguaje y a un vocabulario específico; a nuevos modos de trabajar, pensar e imaginar y a nuevas relaciones sociales, con la naturaleza, con el espacio y con el tiempo.

En la articulación entre el presente de un determinado aparato y el futuro anunciado por los discursos, se ubica un beneficiario agradecido y un esperanzado creyente.

Cuando la eficacia de los equipos neo-tecnológicos aparece como incuestionable, espera y esperanza se confunden: si lo que se promete es el aparato, lo que se genera es la tecnología como hecho social total. Un nuevo imaginario social que hay que considerar para poder interpretar el funcionamiento de las nuevas tecnologías.

La “red”, ese entramado extenso creado por el hombre tecnológico, constituye un universo interdependiente, cuyas conexiones son casi infinitas. Gracias a Internet todo parece posible: el acceso al saber totalizador, una sociabilidad ejercida con un mínimo de esfuerzo, que aún se extiende a la elección de objetos de satisfacción sexual.

El dominio virtual es un territorio cuya característica particular consiste en no pertenecer a ninguno de los tres registros, real, simbólico e imaginario, sino más bien una encrucijada donde el usuario decide la dirección que va a tomar.

Esta posibilidad de decidir la creencia en la realidad o la virtualidad de un objeto, representado por una imagen, constituye de entrada un poderoso factor de estímulo fantasmático, desdibujando los límites entre la fantasía y la realidad, y propiciando la hiper-idealización del objeto.

Entre los muchos autores que se ocupan del tema, citamos los trabajos de Tisseron y de Guignard, que sostienen que la red internet, hasta hoy poco reglamentada, aparece como una vía designada para los movimientos psíquicos de omnipotencia, regresión y retracción narcisista, tanto en la vida adolescente como en la adulta.

“Sobre la red, se pueden ‘construir’ amigos, una familia, un partenaire, aventuras fantásticas, fortunas inmensas y poderes inauditos” -afirma Haydée Popper en Rev. Psicoanálisis e Intersubjetividad Nº 6, 2012- y continúa diciendo que estas ‘construcciones’ virtuales permiten sostener el deseo, especialmente cuando está muy obstaculizado en la vida real del sujeto, sobre un objeto de satisfacción encarnado, sin su presencia física.

La conjunción entre la posibilidad de desear sin restricción y la ausencia del objeto real, constituye la base que permite engendrar la ilusión omnipotente de la satisfacción completa, sin falla, sin falta, lo que evoca la alucinación del infans frente a la ausencia del objeto materno.

En un texto de Manuel Castells, “Comunicación y poder” (2009), el autor afirma que

‘…el poder se ejerce fundamentalmente construyendo significados en la mente humana mediante los procesos de comunicación, que tienen lugar en las redes multimedia globales-locales de masas’.

La comunicación social, el cine, la televisión, la publicidad, forman un conjunto heterogéneo de prácticas que proponen modelos de conducta, creencias, objetos de deseo, y que junto a otros productos como los libros y cursos de autoayuda, manuales de gestión de éxito, dietas y pautas para lograr el cuerpo ideal, contribuyen a materializar los anhelos de la sociedad.

En un trabajo publicado por Daniel Cabrera de la Universidad de Zaragoza, el autor compara la influencia que los medios de comunicación y el marketing ejercen para construir creencias y expectativas, con el llamado ‘ensueño dirigido’, famosa técnica usada por los chamanes y terapeutas esotéricos, a través de la cual se inducen nuevas y sorprendentes vivencias.

La técnica de ensoñación dirigida por las nuevas tecnologías, determina que la sociedad, en pleno uso de sus facultades, viva la experiencia de un ‘viaje placentero y promisorio’.

La tesis que intentamos sostener es que los medios de comunicación y de información, vehiculizados por las nuevas tecnologías, representan una seria amenaza para el lenguaje.

Ivonne Bordelois afirma que “la cultura global del capitalismo salvaje que vivimos es una empresa destinada a demoler nuestro lenguaje, y es increíblemente eficaz en este sentido. El sistema imperante está claramente decidido a formar esclavos del trabajo, de la información y del consumo, y nada favorece y robustece más la esclavitud que la pérdida del lenguaje.”

El espacio oficial de la palabra hoy está confinado a los medios, que más que ‘medios de información, comunicación o entretenimiento’, son verdaderos medios de poder.

Los romanos distraían al pueblo de la barbarie política y social mediante el espectáculo circense ofrecido en la arena del Coliseo, tal como los medios actuales montan y reducen a ese circo la vida política de un país. Pero la palabra manipulada por el poder es mandato, consigna, explotación, lo que genera una gran tensión entre cultura y lenguaje.

La cultura masificante desconfía del lenguaje porque está en el fundamento de toda crítica, y para empobrecerlo, aturde y ensordece, vulgariza la lengua y da rienda suelta a la calumnia, el insulto, la blasfemia y la obscenidad.

En su texto ‘La palabra amenazada’ leemos a Bordelois: “Contrariamente a los bienes de consumo, el lenguaje jamás se agota, recreándose continuamente; por lo tanto, compite con ventaja con cualquier producto manufacturado. Es también un bien solidario: lo comparte toda una comunidad, por un espontáneo sistema de trueque. Y por fin, es un bien absolutamente gratuito, ya sea en su apropiación como en su circulación. En otras palabras, es un bien totalmente subversivo.”

El mito de la Torre de Babel es una forma del mito del Progreso. Babel, como Prometeo, es el proyecto humano de arrancar a la potencia divina su capacidad creadora. Y el progreso, sobretodo el progreso tecnológico, es una conveniente proyección de ese mito.

Así como en el relato bíblico, el castigo a la soberbia de los hombres consiste en la pérdida de una lengua única, el progreso científico y tecnológico, sobretodo en la era informática, consiste en el reemplazo de la lengua por múltiples códigos, muchas veces ininteligibles entre sí. Pero además, a pesar de sus valiosos aportes para organizar la actividad intelectual y favorecer la creatividad, dicho progreso deja excluidos a muchos por motivos generacionales o económicos o ambos, de la posibilidad de ingresar plenamente al ‘nuevo mundo’.

Si cada paso, cada hito se sumara a las conquistas anteriores, sería menos alarmante, pero ya ocurrió con la llegada del libro impreso, que destituyó la memoria y las tradiciones orales, dejando por fuera de la cultura -por un largo tiempo- a vastos sectores, fundamentalmente a las mujeres, predestinadas como analfabetas.

Por ejemplo, el correo electrónico ha suplantado los epistolarios, que tanta riqueza forjaron como fuentes de conocimiento y sostén afectivo a través de la distancia, el mensaje de texto o de voz y el whattsap, entendidos como intercambio telegráfico, anularon las escansiones, los silencios, los verbos, la gramática y sobretodo la semántica, que es la que implica en el habla al sujeto parlante.

La etimología, disciplina que toma su nombre de etymon, que en griego significa ‘lo cierto’, nos dice que blasfemar se relaciona con lastimar, así como insulto es una suerte de asalto en lo interior. La agresión verbal es inminencia de ataque físico y es ataque en sí.

Pero no sólo la blasfemia, sino las expresiones vulgares, la palabra pobre, desentonada, son lo que reduce el lenguaje a cenizas.

“Porque hablar impropiamente no sólo es cometer una falta en lo que se dice, sino causar un mal a las almas”, nos advierte el Fedón de Platón, en el siglo IV aC.

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