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La política es el arte de hacer posible lo imposible
Asunción de Alberto Fernández y Cristina Fernández.

Desde siempre, los que poseen los instrumentos de poder, intentan institucionalizar esas prácticas, a los fines de preservar las mismas, pero también impedir que visitantes “ocasionales”, aquellos que eventualmente puedan ocupar el Gobierno, cambien la ecuación de poder.

Es cuando los poderes no visibles, ni expuestos a la luz pública, comienzan a operar, en una mecánica de limitar los daños que pueda producir, por ejemplo un Gobierno “populista” que quiera producir cambios estructurales, a través de leyes, que permitan dar respuestas al conjunto de los intereses del pueblo. Esos sectores de poder, utilizan figurones políticos, periodistas patéticos y redes sociales, que repiten acabadamente el guion elaborado con ese objetivo de encerrar al Gobierno, difundidos por sus medios hegemónicos, que forman parte de ese poder, aunque se presentan como “periodismo independiente”. En todo caso, independientes de sus responsabilidades éticas del manual del periodismo, a la cual arrasan, con mentiras y ocultamientos, linchamientos mediáticos y persecuciones políticas.

En ese sentido la acción del Gobierno nacional y popular, elegido democráticamente, se ve sometido en forma constante, a un deterioro producto de un ataque sistemático, que intenta poner límites a su accionar. Para esos fines, lo dueños del poder lanzan todos los instrumentos posibles, para debilitar el accionar institucional, frenar decisiones políticas, derrotar cualquier iniciativa que intente cambiar estructuralmente ls dinámica del manejo institucional del Estado.

Por esa razón el Estado que encuentra un gobierno popular, es una estructura diseñada para la colonización, que cercena la soberanía nacional, como por ejemplo permitiendo un endeudamiento, por fuera de sus canales legislativos, que hiere generaciones de argentinos, pero impidiendo las respuestas necesaria, al conjunto del pueblo en épocas de crisis Pandémica, amparándose en supuestas libertades individuales, que nunca los son cuando está en juego el bien común y en defensas de la propiedad privada, como fortaleza, frente a los “abusos del populismo”.

En esa ecuación binaria se desarrolla la lucha política hoy, en la Argentina y el mundo, ante una despiadada acumulación de las riquezas, que naturaliza la muerte y lleva a la destrucción del planeta, por calentamiento global, que destruye la naturaleza provocando el hambre y sed en la humanidad, con millones de víctimas.

Entonces debemos plantearnos cuales son los parámetros para enfrentar esta situación, abriéndose caminos diferentes en la discusión política del movimiento nacional y popular. Hemos tenido gobiernos surgidos de la voluntad popular que rápidamente claudicaron ante la sola amenaza del poder, rindiéndose ante la primer tapa de los matutinos. Otros que intentaron resistir y fueron doblegados por poderes nacionales e internacionales, tipo FMI o Banco Mundial. Pero hubo quienes se atrevieron a enfrentarlos, constituyendo no sólo procesos nacionales, sino también regionales de emancipación y soberanía, que nunca fueron perdonados. Estigmatizados en su tiempo, perseguidos y humillados después, encarcelados y degradados ante la opinión pública, que termina aplaudiendo a sus esclavizadores y torturadores, tanto económicos como culturales, que degradan la vida humana, en nombre de supuestas conquistas mercantilistas macro económicas.

Esa historia,  que también es del peronismo, pero incluye a otras fuerzas populares que fueron claudicando en el tiempo, como la UCR, es la descripción de la supuesta “grieta”, aquella que intenta minimizar la política a una práctica de consensos, en donde todos vivamos felices, si los pobres siguen siendo pobres, los poderosos siguen allí y si los populares, se dedican al maquillaje, antes que a la profundización de su compromiso con el pueblo.

La política es la práctica esencial de responder, desde todos los ángulos posibles a las necesidades del Pueblo y de la Patria-Matria, para lo cual es necesario desarmar el Estado colonizador, por un Estado al servicio de las mayorías populares, que votan en función de sus intereses y terminar con el neoliberalismo. Esta decisión sin dudas genera profundas tensiones entre el poder real y el gobierno, pero esa asimetría debe ser saldada por el conjunto movilizado de la Comunidad Organizada, en defensa de sí misma, ya que la victoria del poder real, por sobre las necesidades del pueblo, implica dolor social inmenso y muerte, impuesta por un Mercado darwiniano, brutal e inhumano, como el que soportamos los argentinos en los últimos 4 años. Es entonces pueblo y gobierno una conjunción en función de un objetivo común, que hacer posible lo imposible, que es neoliberalismo nunca más. 


Fuente: PRIMERO LA PATRIA

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