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Los miedos de incomunicación
miedos de incomunicación

(sobre la empleada que enterraba su ropa y los cacerolazos pro Vicentin)

Me encontré hace un tiempo con esta anécdota de Galeano y Salvador Allende y creo que resume a la perfección ese fenómeno que tantas veces tratamos de explicar: la colonización de la subjetividad, la imposición del discurso del opresor, la disociación que sucede cuando una persona se identifica con intereses que le son ajenos.

Esta empleada chilena de allá por los años '70, que escondía sus escasas pertenencias ante el miedo de la llegada de un gobierno comunista; no resulta muy distinta de aquél argentino que en 2015 votó como presidente a Mauricio Macri; porque necesitaba un cambio, porque no soportaba más aquella "grasa militante" , ni ese auge populista dónde los "negros" se compraban autos, zapatillas y televisores. Ningún miedo surge porque sí, aquella pobre mujer realmente creía que el socialismo de Salvador Allende podría sacarle sus modestas prendas. Muchos compatriotas compraron hace cuatro años el relato según el cual los gobiernos de Néstor y Cristina fueron construidos en base a la corrupción. Fueron horas de programas de radio y televisión, fueron incontables tapas de diarios con titulares sobre" la corrupción k", fue un trabajo constante de picar cabezas. Lograron así que gran parte de la sociedad odiara a aquellos que habían venido a otorgarles más dignidad y más derechos. Y así fue como un grupo de Ceos se hicieron del Estado como botín de guerra, con Macri a la cabeza ¿Quien podría creer que alguien que se jactaba de decir que el salario es un costo, llegara a ser votado por los propios trabajadores? ¿Quién elige a su propio verdugo, quién decide por su propio sacrificio? La perfección de este método es justamente dominarnos sin violencia, logrando la repetición de un discurso de desprecio hacia lo público, antipolitico e individualista. Mientras muchos repetían "a mí el Estado no me da nada", nos iban dejando sin trabajo, con servicios a tasas dolarizadas, aplicando represión como nunca antes en democracia. Fueron cuatro años donde todo fue cuesta abajo, mientras las fábricas cerraban, Macri y sus amigos aumentaban sus fortunas gracias a la bicicleta financiera. Persiguieron opositores, tuvimos y aún hoy tenemos presos políticos, montaron un aparato paraestatal de espionaje ilegal de magnitudes. Entre su séquito canallesco, un señor de nombre Javier González Fraga, director del Banco Nación entre 2017 y 2019 salió a decirnos que no era lógico que un empleado medio, con un sueldo medio, pudiera comprarse plasmas o celulares, ni irse de vacaciones. Nos dijeron que todos los derechos de los que habíamos gozado fueron parte de una fiesta y había que pagarla. Porque las cosas funcionan así para la derecha, la felicidad nunca le pertenece al pueblo. Para la gente como ellos el mundo ideal se asemeja a un régimen de esclavitud, dónde nuestra razón de ser es hacerles de sirvientes. Hicieron todo para convencernos de que no había otro orden social posible que no fuera el neoliberal. Ese mismo señor, González Fraga, dijo que los niños nacidos en la pobreza eran como "animalitos" y que no había educación capaz de revertir eso. Y mientras vertía estás declaraciones sin ningún remordimiento, vaciaba nuestra banca, ayudando al grupo Vicentin a una quiebra fraudulenta. Negocios y más negocios a costa del fraude y el hambre del pueblo. Nada más ejemplar de lo que fueron los cuatro años de macrismo.

 

Y ahora con otro tipo de gobierno, que intenta en medio de una crisis sanitaria sin precedentes, avanzar en el camino de la soberanía alimentaria; así con esa intensa voracidad atacan desde sus bases: los medios concentrados que desde siempre sirvieron para imponer el pensamiento único. Así logran instalar un relato según el cual una eventual expropiación de Vicentin sería "un avasallamiento del derecho de propiedad, un crimen de lesa humanidad, el inicio de un camino al comunismo, el rumbo a ser cuba o Venezuela". Así logran que la vecina del 5to B saliera a golpear la cacerola, porque los Leuco, los Majules, los Feinmann y los Lanata le dijeron que esto es solo el comienzo. Que ahora vienen por el grupo cerealero, pero después van a ir por su casa, por su auto y sus ahorros. Y logran incluso que hasta el pobre que ni es dueño de una maceta también salga a cacerolear por las dudas, porque ante todo que no llegue el comunismo. Porque ante todo hay que defender a la "república", entre comillas. Así son , ahí siguen, y hasta tanto los medios de comunicación sean miedos de incomunicación las operaciones serán más de lo mismo. Hasta que no entendamos a la comunicación como un derecho y no como una mercancía, ellos serán libres de hacer y decir, de dañar y de mentir. Y nos tendrán como a aquella señora temerosa que enterraba su ropa en el jardín, porque así le dijo su patrón, porque así escuchó en la televisión,: "los comunistas vienen por todo".

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