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NESTOR
Néstor

Hacer esta columna debería ser un hecho político. El hecho de afrontar el desafío de destacar, resaltar, insistir, proclamar la entidad como persona, compañero, sudamericano, argentino, peronista, político, estadista, revolucionario, líder, pasionario, héroe, referente, protector y tantas otras cosas que representa.

Afrontar el desafío intelectual de encontrar otras cualidades que sentimos y que todavía no pudimos poner en palabras. Padrazo en una de esas. Y además escribirlo en rojo, en rojo punzó, o mejor en rojo sangre. ¡Eso! Pero escribirlo con la propia sangre. Y dejar que se seque al sol.

Y lo único que se me ocurrió como hecho intelectual y político a la altura de ese desafío fue dibujar el contorno de su cara con mi sangre y la firma de Néstor, también con mi sangre.

La cuestión es que tenía que hacer esta columna, no una obra de arte. Y la realidad se imponía. Tenía que pensar algo. Pero decir o escribir algo político ideológico sobre Néstor es como tirar un fósforo en la boca de un volcán que está en plena erupción, o hablarle al Papa sobre lo que significa el rosario, o explicarle a una madre que es parir. O explicar la relación entre el Diego y la pelota, o Eva y el pueblo, o el Che y la revolución.

¿Cómo hablar en términos políticos sobre el viento, sobre la juventud, sobre la sonrisa, sobre la felicidad, sobre el sol, sobre la primavera, sobre lo que nace y nunca va a morir, sobre la eternidad, sobre los que no se entierran sino que se siembran?

Cómo hablar de la poesía.

Por suerte existe la poesía.

Y me vinieron a la memoria frases de Bertold Brecht. Una dice “El arte no es un espejo para reflejar la realidad, es un martillo para darle forma”.

Y Néstor fue un artista de la política, un político en forma de poema, un martillo de acero que moldeó nuestra realidad. Esa que ahora llevamos adentro.

No me atraen mucho las miradas eurocentristas, ni las renombradas celebridades europeas. No por chauvinismo ni por desprecio a la cultura universal. Sino porque me atrapan nuestros Leopoldo Marechal, Arturo Jauretche, Juan Gelman, Atahualpa Yupanqui, José Hernández, Roberto Arlt, Homero Manzi y cientos más.

Pero lo cierto es que me vinieron a la mente varias frases de Brecht. Quizá no por casualidad, porque en la Europa de la década del 1930 fue un poeta perseguido y tuvo que huir de Alemania y después de EEUU por rebelde, por comunista, por humanista y por pelear por una sociedad más justa, y terminó muriendo de un infarto a los 58 años.

Otra frase que recordé dice: “Robar un banco es un delito, pero más delito es fundarlo”. Una lógica que identifica la verdad con la realidad. Quizá aquí y ahora sería el compañero Bertold.

Esta otra frase la escribió para nuestra realidad sudamericana: “Al río que todo lo arranca lo llaman violento, pero nadie llama violento al lecho que lo oprime.”

Pero la frase emblemática que me trajo a Brecht a la memoria es la que dice:

“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero los hay que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles.”

Hay algunos que además de imprescindibles son eternos.

Gracias Néstor.

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