Ya está. Ya lo dijeron: culpable y proscripta. Frente a ello, como el personaje Hamlet podemos decir algo está podrido en Dinamarca. Eso maloliente es el Poder Judicial. Sí, ya se, me van a decir que no son todos, que hay jueces probos… y yo me pregunto: ¿qué hacen con su probidad guardando silencio, transformándose en cómplices? Cuando existe un conflicto laboral, los trabajadores organizados buscan zanjarlo mediante una negociación, si no puede avanzar de tal manera irán a la huelga y finalmente, si nada se alcanza, tomarán la fábrica. La dirigencia y los probos ¿qué hicieron?
Cristina fue clara: ya no es más el escudo tras el cual nos protegíamos, no va a ser candidata. También señaló que el enemigo está ahí: es Magneto, el Poder Judicial y la inoperancia de funcionarios que no funcionan. Ahora es todo o nada. ¿Seremos tan inútiles que podemos desperdiciar a la dirigente política más importante de este momento en nuestro país frente a la situación crítica como la que atravesamos?
Si miramos en nuestra historia encontramos momentos parecidos. Uno de los últimos ocurrió entre el 8 y el 17 de octubre de 1945: Perón tiene que renunciar a todos sus cargos y es encarcelado, la oligarquía festejaba y pedía que se le entregue el poder a la Corte Suprema, a la misma que había legitimado a las autoridades que surgieron del golpe de estado de 1930. Algunos dirigentes no comprendieron la gravedad de la circunstancia y estaban preocupados por formalidades o trataban de conservar algo de los derechos conseguidos, mientras que algunos pensaron que no se merecían vivir en un estado colonial. Lo que pasó después es sabido.
Hoy estamos ante un desafío parecido. O salimos a defender nuestras banderas históricas y una democracia que nos costó sangre conseguir a nosotros, no a ellos que fueron cómplices de la dictadura o cumpliremos con aquello que Raúl Scalabrini Ortiz nombró: la resignación de un destino. ¡Ojo! No se trata de cosas ajenas a nuestra cotidianeidad: son los 45.000 millones de dólares que pidió Macri al FMI para la fuga de capitales y los estamos pagando a costa de nuestra calidad de vida; se trata de los Ercolini que en lugar de velar por la justicia acepta dádivas; se trata que cuando un supermercadista me roba con sobreprecios o escondiendo mercadería y es sancionado, mediante una cautelar puede seguir haciéndolo o de la misma manera cobrar lo que quieran las empresas de cable, telefonía e internet.
Si hacemos una lectura política de la sociedad no económica podemos caracterizar una cuña que abarca, en distinta proporción, todas las clases sociales que expresa el pensamiento y la acción de los poderes fácticos, a los cuales caracterizamos más arriba como el enemigo e ideológicamente como neoliberalismo autoritario; otra porción de la sociedad expresa al movimiento nacional y popular nutrido también de todas las clases sociales y finalmente, de la misma manera, una franja intermedia que recibe la influencia de ambos sectores, o sea, es una cuestión de cultura política. Son los que electoralmente se llaman «independientes». El terreno de confrontación con el enemigo será la conciencia y la voluntad de los miembros de esos sectores: o se suman al pueblo organizado en movimiento en la persecución de un proyecto integrador o se suman a las políticas del odio y el resentimiento que incluso van contra sus intereses para concluir en la frustración y la autodenigración: ¡qué querés!, esto es Argentina.
Ello no significa tener que ir a responder o contradecir los argumentos de los periodistas de La Nación+, porque éstos son infinitos, sobre todo a partir que han desechado la distinción entre verdad y mentira, sino proponerles dialogar sobre la agenda que llevamos, ¿cuál? La que podemos conformar con el discurso de Cristina, particularmente el del 17 de noviembre.
Que eso se logre tiene que ver con la posibilidad de lo que haga cada uno de nosotros, lo cual incluye nuestra dirigencia, y tiene como eje recuperar a Cristina para la conducción del movimiento nacional y popular, recordando la sabia frase de Perón: será con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes.
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