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Rosario Vera Peñaloza La maestra de la Patria
Rosario Vera Peñaloza

Un día como hoy pero de 1950 se despedía Rosario Vera Peñaloza, educadora, pedagoga e investigadora argentina. Pionera de la educación inicial en nuestro país. En reconocimiento a su trayectoria se conmemora en esta fecha el Día de la Maestra Jardinera.
Nació en 1873 en Atiles, en la Costa Alta de los Llanos riojanos, departamento Rivadavia (hoy, departamento General Juan Facundo Quiroga). Hija de Eloy Vera y de Mercedes Peñaloza. Ambos murieron con pocos meses de diferencia cuando Rosario tenía 9 años. Entonces, su madre de crianza fue su tía materna, Jesús Peñaloza de Ocampo, “Jesusa”, maestra y directora de la única escuela en Malazán, distante 9 kilómetros de su casa natal.
No obstante, la educación era precaria por lo que “Jesusa” decidió que Rosario cursara sus estudios primarios en la escuela privada de las hermanas Villascusa, ubicada en San Juan. Fue una época de mucha confrontación entre el Estado y la iglesia. La disyuntiva era enseñanza laica o enseñanza católica y el gobierno nacional de ese entonces decidió impulsar la primera opción. 
Fue una política integral: impulsó la ley 1.420 de educación común, que establecía la gratuidad y obligatoriedad escolar, la Ley de Matrimonio Civil, la creación del Registro Civil, y se realizaron el Primer Congreso Pedagógico y el Primer Censo Escolar de la Nación, llevado a cabo entre el 25 de diciembre de 1883 y el 10 de enero de 1884. La infancia de Rosario coincidió con esos cambios estructurales que impactaron en la vida de la sociedad argentina.
A sus trece años volvió a La Rioja y cursó sus estudios secundarios en el Colegio Normal de La Rioja, cuyas directoras eran Annette Haven y Bernice Avery, maestras estadounidenses convocadas por Sarmiento durante su gobierno. En 1892 accedió a una beca gubernamental y se trasladó a Paraná para estudiar en la Escuela Normal de esa ciudad. Fue alumna de Sara Eccleston, otra estadounidense convocada por el gobierno nacional, que había organizado y dirigía el Departamento Infantil y el “Centro de Preparación de Maestras Jardineras”. En 1894 Rosa Vera Peñaloza recibió el Título Superior de Enseñanza.
Posteriormente, realizó cursos de Dibujo, Pintura, Modelado, Grabado, Corte y confección, Tejido en telar, Artes decorativas y Trabajo Manual y trabajó de docente en diferentes establecimientos de la ciudad de Paraná: en el Departamento de Aplicación de la Escuela Normal (como contraprestación de la beca otorgada), en una escuela nocturna de Paraná y en la escuela particular dirigida por la docente Felisa Latallada.  
En 1896 Rosario retornó a su provincia natal, trabajó como profesora de castellano y trabajo manual en la Escuela Normal de La Rioja y en 1898 fue nombrada directora del Jardín de Infantes, anexo al establecimiento secundario. El comienzo fue difícil. El edificio adjudicado al anexo estaba en condiciones precarias, no había mobiliario adecuado ni útiles y la población se resistía a enviar a sus hijos de tan temprana edad a una institución educativa. Fueron ocho años de batalla permanente para hacer lugar a la educación de la primera infancia.
En 1906 fue designada vicedirectora de la Escuela Normal de Maestras Nacionales, en la ciudad de Córdoba. La institución había sido duramente combatida por la iglesia católica que sentía su pérdida de poder ante la educación laica. La presión del clero había tenido éxito y la escuela había perdido presencia. A esa altura, la habían minimizado y la habían trasladado a tres casas particulares.
Rosa Vera Peñaloza logró que el gobierno le cediera un gran edificio para recuperar una sede acorde a la importancia del establecimiento, utilizó las vacaciones estivales para arreglarlo y plantó bandera ante las presiones y el descrédito. Nacionalizó la institución, adaptó un estilo de formación con sus propios métodos, organizó los materiales didácticos a la realidad argentina y dinamizó su funcionamiento. En simultáneo, continuó capacitándose. Realizó cursos de grabado, pintura y ejercicios físicos. En 1910 renunció cuando nombraron una vicedirectora sin experiencia. Para ella, los cargos directivos requerían años de especialización. En mérito a su actuación, la designaron vicedirectora de la escuela normal provincial “Juan Bautista Alberdi” (donde fundó otro jardín de infantes) e inspectora de Educación Física.
En 1912, fue designada directora de la Escuela Normal Nº 1 “Roque Sáenz Peña”, de la ciudad de Buenos Aires. Cuando asumió su cargo había 530 alumnas entre la Escuela y el Curso de Aplicación. Cuando lo dejó concurrían más de mil quinientas. Su experiencia organizativa, su destreza pedagógica y su empatía profesional fueron determinantes para que la institución diera ese salto de calidad y atracción educativa.
Simultáneamente, fue designada directora organizadora de la Escuela Normal Nº 9 “Domingo Faustino Sarmiento” y desempeñó la titularidad de las cátedras de Pedagogía y de Matemáticas en la Escuela Normal del Divino Maestro, incorporada al Profesorado de Lenguas Vivas. Una todoterreno.
En 1917 finalizó su tarea en el Normal Nº 1. Nunca se supo si la cesantearon o renunció. El gobierno radical siempre desconfió de su afinidad con Joaquín V. González, ministro en el gobierno de Julio A. Roca, aunque desde el punto de vista educativo y filosófico tenían visiones compatibles. Al año siguiente fue convocada por Carlos María Biedma para dirigir la Escuela Argentina Modelo que impulsó la profesionalización de los jardines de infantes. Rosario también trabajó en la incorporación de nuevas técnicas pedagógicas, dictó innumerables conferencias para desarrollar la educación popular y promocionó muevas técnicas para la creación de bibliotecas.
Otra característica fue su paciencia para esperar la maduración de los planes. En 1929 había presentado el proyecto para crear el Museo Argentino para la Escuela Primaria y el Preescolar; en 1931 logró su aprobación y en 1939 fue inaugurado en el predio del Instituto Bernasconi, en el barrio de Parque Patricios. La idea del Museo se sostenía en la teoría pedagógica de Joaquín V González, según la cual la Geografía era el núcleo de las otras disciplinas escolares. 
Rosario le imprimió una impronta mayor y fue un centro de investigación y propuestas de conexión entre los fenómenos físicos, biológicos y sociales y donde predominaba la idea de comprender la integralidad del país (sus climas, paisajes, procesos históricos, costumbres, recursos naturales). Estuvo a su cargo durante 17 años en forma ininterrumpida. 
Con el ascenso del peronismo se produjeron una serie de coincidencias programáticas de Rosario con el nuevo proceso histórico, basadas en un eje fundamental: la protección de la infancia y la necesidad de su educación temprana. El punto de mayor acercamiento estuvo dado en la sanción de la ley 5096/46, llamada ley Simini por su autor, en la que se establecía la creación de los Jardines de Infantes y la obligatoriedad de la educación prescolar desde los tres a los cinco años.
En 1950 su cuerpo pidió descanso y se despidió a los 77 años.   
Luchó incansablemente por la formación docente y por el desarrollo educativo con efectivos argumentos pedagógicos ante el conservadurismo dominante. Impulsó las matemáticas, la geografía, la historia nacional, el trabajo manual y el ejercicio físico en los niños/as. 
No claudicó ante situaciones desfavorables y contradictorias. Polemizó con Leopoldo Lugones sobre la importancia de la educación en la primera infancia, con María Montessori sobre los métodos pedagógicos, con la iglesia católica cuando publicó su escrito Mi credo patriótico, refutó a su admirado Sarmiento respecto a los agravios inferidos a los habitantes de la región montañosa del sur de La Rioja, conocida como Los Llanos, en su libro Civilización y barbarie.    
Estudiosa, práctica, modesta, cultora del buen humor, decidida, polemista afilada. 
Gracias Rosario Vera Peñaloza!! Por tu lucha para que la educación de la primera infancia no fuera ninguneada, por tu capacidad para incorporar los cambios que se avecinaron, por tu alegría por enseñar, por tu mente abierta. 
 

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