CASO MONSANTO: Según una investigación de la televisión francesa, puntualmente del canal France 2 y publicada por el diario Le Monde (que además demandará a la firma Monsanto porque entre los espiados están cinco de sus periodistas), hizo inteligencia sobre científicos, políticos y periodistas en Francia para operar sobre ellos y, así, influir en sus declaraciones públicas sobre el glifosato.
Para perfilar a “centenares de personalidades”, Monsanto recogió y sistematizó informaciones privadas de esas personas, según documentación de documentos confidenciales “que llevan el logo de una agencia de comunicación que trabaja para Monsanto”. Cabe aclarar, que en Francia, todo ciudadano cuya información personal sea sistematizada y fichada debe ser infomado de ellos. Los listados que no hayan sido informados son considerados ilegales, y quien tenga uno puede ser condenado a pagar multa de 300 mil euros y pasar cinco años en prisión.
Cómo si ésto fuera poco, las personas fichadas fueron, también, blanco de estrategias de lobby personalizadas. Uno de los documentos analizados en la investigación, que incluía la “lista llamada ‘blanco glifosato”, clasificaba a 74 personas espiadas en cuatro grupos: “aliados”, “aliados potenciales a reclutar”, “a educar” y “a vigilar”. “Dos tercios de los blancos listados en esta ficha están clasificados como susceptibles de devenir favorables al glifosato. Para hacerlos pasar al bando de Monsanto, la tabla desarrolla un plan de acción personalizado para cada blanco: entrevistas cara a cara, envío de materiales pedagógicos”.
En cuanto a los formadores de opinión clasificados como objetivos “a vigilar”, las estrategias no buscaban seducir. “Está escrito claramente que era preciso, por ejemplo, "aislar" a Ségolène Roya, en ese entonces, ministra de Medio Ambiente, y que claramente apoya la prohibición del glifosato.
El listado de espiados con vistas a ser influenciados o silencios incluyó, también, a cuatro científicos del Instituto Nacional de Investigación Agrónoma (“clasificados como ‘potenciales aliados a reclutar’”), dos de la Agencia Nacional de Seguridad Sanitaria y de Alimentación (dos de sus integrantes fueron clasificados como “a vigilar”).
CASO COCA- COLA: Según el diario Le Monde, la firma estadounidense Coca-Cola invirtió ocho millones de euros en Francia para influir en profesionales de la salud y científicos. Todo surge de una investigación sobre el lobbying de la multinacional, aparecida en 2015 en The New York Times. Las financiaciones de la multinacional, buscan “hacer olvidar los riesgos vinculados con sus bebidas” azucaradas, poniendo de relieve la falta de actividad física en la cuestión de la obesidad.
Y, además, un estudio de una revista especializada en salud pública, Journal of Public Health Policy, publicada el 8 de mayo, revela que la firma impone múltiples cláusulas para poder influir en los trabajos científicos que patrocina.
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