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La cultura del odio
Violencia

Los  once rugbiers son el producto de una sociedad que se ha fundado  sobre el odio una y otra vez. Dónde se han masacrado a los pueblos originarios en favor de la civilización, dónde han matado a obreros en la Patagonia por reclamar sus derechos. En cuyas paredes se ha escrito "Viva el cáncer" y dónde se ha fusilado, torturado y desaparecido a quienes creyeron en un país mejor. Nos sorprende la violencia pero cuesta hacernos cargo como sociedad de que el odio no surge por si solo sino que se construye día a día desde los medios, desde la cultura y el discurso. Desde el "algo habrán hecho" del proceso militar a " estos negros planeros son el mal del país" no hay gran trecho, todo se trata de un mismo proceso histórico dónde se estigmatiza, se culpa y se denigra al otro por su condición socioeconómica. Ningún pibe nace odiante y seguramente el mensaje que han recibido estos chicos habrá sido ese: los negros no merecen nada, los negros no llegan a la universidad, los negros que se vayan lejos a hacer un gallinero, los negros no merecen vivir. Me pregunto si nos horrorizamos de este suceso por qué consumimos un programa como el de Baby Echecopar dónde se hace un culto al odio de clase, dónde a un tipo se le paga millonadas por decir frente a un micrófono que las mujeres piqueteras son gordas roñosas que tienen olor. Nos guste o no esto es el resultado de lo que somos, es  una cadena que le sigue a los desprecios cotidianos, cuando se desprecia al pobre pibe que pide en la calle, cuando se trata de delincuente al chico que usa gorrita, cuando se  reniega de un gobierno que hace un reparto un poco más equitativo de la torta. Tuvimos un presidente que consideraba al trabajador como un "costo", por ende le sacaba su entidad de sujeto de derecho. Tuvimos un gobierno que mandó a quemar cunitas de bebés, que les sacó los remedios a los jubilados y las vacunas a nuestros niños. Tuvimos un presidente que se abrazó a un policía asesino y que avaló el gatillo fácil, tuvimos un desaparecido en democracia. Vemos como en Chile dejan ciegos a los que luchan en las calles, les queman con ácido la piel, pero todo en nombre del orden.  No. La culpa no es del rugby ni de ningún deporte, si generamos violencia y odio de clase estas son las consecuencias. Pibes de 18 convertidos en asesinos, una familia destruida para siempre, la vida de un joven truncada. Es triste y es inadmisible pero a la vez es necesario darnos una autocrítica como sociedad, cambiar ciertos patrones, dejar de repetir tanta basura, educar en la igualdad y en el respeto hacia el otro. Enseñarles a los niños desde pequeños que el de al lado es un igual, que merece los mismos derechos, el mismo trato. Que no hay personas de primera y de segunda. Esos valores se enseñan en la casa, en la escuela,  pero también se construyen desde la comunicación. Basta de tanto Feinmann, de Baby, de  Susana Gimenez, empecemos a construir un cambio desde lo cultural, es necesario.

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