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Situación del gobierno argentino en el contexto nacional y global
Alberto Fernández

Las oportunidades históricas de nuestro Gobierno Nacional

En esta columna queremos reflexionar acerca de la situación política actual de nuestro gobierno en el contexto de lo que está pasando en el sistema político y económico en el mundo y en nuestro país, y que por cierto la pandemia está haciendo cada día más visible.

Como hemos venido desarrollando en las columnas anteriores, en los últimos 40 años el sistema neoliberal globalizado ha profundizado a niveles insostenibles el proceso de concentración de la riqueza y el poder.

Las corporaciones transnacionales (en el sentido de que no tienen una bandera nacional específica) han concentrado tal poderío económico, financiero y político que hoy son más poderosas que cualquier gobierno, incluidos los gobiernos de los países más industrializados del planeta. Hoy imponen sus reglas de juego en todos los ordenes de las políticas públicas y privadas globales.

En este proceso se han apoderado de la producción y distribución de los bienes esenciales para la vida social como la energía, los alimentos, la salud, la educación, el transporte, el deporte, la indumentaria, los medios masivos de información, los medios digitales, las producciones culturales, las grandes construcciones privadas, la obra pública y los servicios públicos entre otros.

Se gestionan como una mafia internacional, que maneja los negocios legales e ilegales, aglutinando los tradicionales negocios mafiosos de la droga, la trata de personas, el contrabando de armas y el lavado de dinero con los nuevos negocios económicos y financieros.

Y en todo el mundo articulan ese poder económico y financiero con las estructuras multimediáticas, los sectores corrompidos de la justicia y de los aparatos de seguridad, saboteando y neutralizando con golpes duros, blandos o mediático judiciales a los gobiernos que no se subordinan a sus intereses.

Obviamente sus representantes forman parte y controlan a los gobiernos más poderosos militarmente y pueden imponer sus reglas de juego por las buenas o por las malas, y no dudan es destruir países enteros como han sido los casos de Irán, Libia, el Líbano o Siria, o de apelar a las fuerzas armadas como recientemente en Bolivia.

En este proceso creció ferozmente la especulación financiera y los negociados fraudulentos que produjeron brutales crisis económicas que deterioraron aún más las condiciones de vida de la mayoría de los países de occidente. Esto aceleró el desmantelamiento de los sistemas públicos de salud y educación, la privatización de los servicios públicos y la erosión de los sistemas jubilatorios y laborales

El 80% de la riqueza se concentró en el 1% de la población, mientras que las grandes mayorías se empobrecen cada vez más. En Italia, Francia, España, Portugal, Grecia y otros países europeos las poblaciones hace años que salen a la calle a enfrentar los ajustes en salud, en educación y el ajuste en los sistemas previsionales y laborales que los gobiernos liberales tratan de imponer apalancados por la mafia de las corporaciones. Lo mismo está ocurriendo hace tiempo en Chile, Bolivia, Ecuador y otros países de América.

En el sistema liberal globalizado la transferencia de recursos de las clases medias y bajas hacia las elites neoliberales llegó a límites insostenibles, y el enfrentamiento en los últimos años de los gobiernos liberales, los grupos concentrados y las elites que conforman el poder real en cada país contra las poblaciones ha llegado a niveles de violencia pocas veces vistos.

En este contexto Argentina tuvo, entre 2003 y 2015, un gobierno que enfrentó a las corporaciones y fue a contramano de las políticas neoliberales, recuperó el sistema jubilatorio, realizó obras públicas estratégicas de enorme envergadura, fomentó el desarrollo industrial basado en las pequeñas y medianas empresas, la salud y la educación pública y las fuentes de trabajo genuino, devolviendo a la población una enorme masa de recursos. Se vivieron los mejores años desde la vuelta de la democracia, en la conocida década ganada.

Pero el enemigo es muy poderoso y a través de las operaciones mediático judiciales y un potente fraude mediático logró el triunfo electoral de la alianza de los conservadores radicales y el PRO, y durante cuatro años la población sufrió un terrible escarmiento.

Pero a pesar de la acción conjunta de las corporaciones financieras, mediáticas, políticas y judiciales, la población volvió a apoyar a un gobierno nacional y popular.

Y acá es donde aparece el primer momento clave del enfrentamiento entre el poder real y el nuevo gobierno nacional y popular. Porque después de la campaña electoral de unidad imprescindible para llegar al gobierno, los primeros 30 días fueron claves. Es cuando el nuevo campeón sale en el primer round de la pelea y debe inexorablemente ocupar el centro del ring.

En política y en toda práctica real los espacios se deben ocupar, y cuando el enemigo es enemigo y no adversario, es el enemigo del pueblo, el espacio de la acción, del que marca la cancha, del que dirige la batuta y del que instala la agenda es del gobierno. Néstor y Cristina sabían mucho de esto y sin dudas lo hicieron en su oportunidad.

En los hechos nuestro nuevo gobierno democrático constitucional se manejó en forma dialoguista y conciliadora. Casi como que siguió en campaña para seguir sumando adhesiones electorales y apoyo de los ciudadanos. Que es lo correcto durante la campaña. Ahora, cuando te sentás en el sillón presidencial, empieza la acción política.

Muchos compañeros, a los que ahora me sumo, percibieron el problema. Hoy con el diario del lunes se percibe claramente que la política dialoguista y conciliadora con los representantes del poder corporativo no fue la decisión más adecuada.

El enemigo no dejó de limar, erosionar y atacar al futuro gobierno desde las paso en agosto del año pasado, y lo sigue haciendo en forma cada vez más virulenta.

Y en ese momento se perdió lo que la teoría política define como una oportunidad histórica, que es la que dan los primeros días de gobierno, donde tenés el mayor poder relativo para marcar sólidamente la cancha con hechos concretos.

Se dialogó diciembre y enero con el supuesto adversario en la interna política del país mientras se negociaba la deuda externa. Y el enemigo afianzó su poder y marcó la agenda en la opinión pública. Se perdió la primera oportunidad.

Y después llegó la pandemia. Y todo empezó de nuevo.

Acá apareció una nueva oportunidad histórica en el mundo y en Argentina.

Se trata de que la pandemia ha agudizado las tensiones existentes, y mientras que los gobiernos tratan de transferir recursos a la salud pública y al ingreso mínimo que cada sector de las mayorías requiere para la supervivencia, los poderes reales muestran que van a defender cada centavo de los capitales que se han apoderado y cada milésima del poder que detentan.

Y el enfrentamiento entre EEUU y China se hace cada vez más violento.

¿Y porqué en Argentina se da una segunda oportunidad histórica en el enfrentamiento entre el poder real y el gobierno popular?

Primero por el contexto internacional que a partir de la pandemia se ha vuelto muy favorable para el gobierno

  • Porque en la negociación de la deuda externa nuestro gobierno ya no está solo, la mayoría de los países están imposibilitados de pagar a los accionistas, y hasta el FMI respalda el plan de pago presentado por el gobierno argentino.
  • También porque el gobierno argentino es visto en el mundo como un ejemplo de cómo se debe actuar frente a la crisis sanitaria y esto rebota en la interna nacional.

Segundo por el contexto local, donde la pandemia produjo un barajar y dar de nuevo en el plano político y económico.

La mayoría absoluta de los gobernadores e intendentes del país se han tenido que alinear detrás de las políticas sanitarias y económicas en relación a la cuarentena. Y la mayoría de la población, estimada por las encuestas entre un 80 y un 90%, apoya al gobierno en esa gesta.

Las mayorías populares vivencian en carne propia en el día a día que las corporaciones del poder real, como son las grandes empresas de producción de alimentos y las cadenas locales y extranjeras de supermercados remarcan todas las semanas los precios de alimentos y limpieza carancheando los recursos que el gobierno intenta transferir a la población simplemente para que sobreviva.

El sistema bancario y financiero se niega a otorgar a las Pymes, comerciantes, monotributistas y autónomos los créditos a tasa cero subsidiados por el estado generando graves perjuicios a esas unidades productivas.

Las corporaciones empresarias derivan los recursos que provee el estado a la timba financiera y la compra de dólares en el exterior.

Los sojeros de la zona núcleo se niegan a comercializar la cosecha y retienen los miles de millones de dólares que el estado necesita para atenuar un poco la crisis de divisas.

Las empresas privatizadas de servicios atormentan a los usuarios con facturas impagables y avisos de corte desconociendo abiertamente las disposiciones del gobierno.

Las corporaciones industriales siguen el ejemplo de Techint y Arcor, despiden personal, suspenden con el 50% del salario y toman decisiones contra sus empleados desconociendo públicamente las normas establecidas.

Las grandes mayorías son atormentadas por las corporaciones del poder real en un claro sabotaje a las políticas del gobierno constitucional.

La oposición política liderada por Macri/Bullrich y la UCR consolidan un bloque antiperonista y antialbertista bloqueando sistemáticamente la única medida concreta que puede en el corto plazo obtener recursos genuinos para la caja del estado, que es un simple impuesto del 1% a las 15.000 fortunas más grandes del país, acusando al gobierno de usar la pandemia para concentrar la suma del poder público, robar a su antojo e instalar el comunismo.

Está demasiado claro para todos los que quieran verlo que el enemigo ha declarado formalmente la guerra en todos los frentes al gobierno constitucional.

Mientras tanto toda la estructura mediática periodística agita el pánico en la población e instala la agenda pública en sintonía con la UCR y el PRO, con las consignas del uso político de la pandemia por parte del gobierno para desconocer y bloquear el congreso y ejercer su poder a través de DNUs, de querer perjudicar a los capitales empresarios que dan trabajo genuino, de seguir los pasos de Cuba y Venezuela, y de intentar una liberación masiva de delincuentes para asolar a la clase media.

Y el ejército de trolls de marquitos peña promueve los cacerolazos diarios contra las políticas del gobierno y a partir del éxito que obtuvieron, desde el domingo 3 de Mayo avanzan con más violencia llamando a una pueblada en todas las esquinas del país para el jueves 7/6 en defensa de la democracia, la república y la justicia, violando abiertamente la cuarentena y pidiendo que no se libere a los presos, que se acabe con los sobreprecios y con la forma antidemocrática de gobernar por DNUs.

Esto quiere decir que no hay dudas acerca de que el poder real está jugando y va a seguir jugando a fondo y en todos los frentes la guerra total contra el gobierno nacional.

Y que de nada sirve intentar dialogar con los enemigos del pueblo. En el mundo globalizado y en Argentina también, el enfrentamiento es total.

Queda por verse si nuestro gobierno, con un elenco preparado moral, filosófica e intelectualmente para gobernar democráticamente a partir del diálogo y la negociación, puede prepararse para enfrentar esta oportunidad histórica en la que como legítimo representante del pueblo de la nación ya no tiene nada para perder.

Como muestra la realidad del mundo actual, las grandes mayorías populares empobrecidos por el sistema ya no tienen mucho para perder, pero sí demasiado por ganar.

Y en nuestro caso el gobierno argentino, frente a un enemigo que no acepta el diálogo y la negociación parece tener sólo dos opciones:

Rendirse incondicionalmente;

O utilizar todos los resortes disponibles que la democracia habilita a los gobiernos constitucionales. Que son muchos. Y ponerse a la cabeza de la defensa irrestricta de la calidad de vida de la mayoría absoluta de la población.

Y esto no depende de la moral y la filosofía, depende de la vocación y la capacidad política del presidente en ejercicio y del perfil de las personas que deben ocupar en un momento de crisis política total los cargos específicos para enfrentar en los hechos y cara a cara a un Paolo Rocca, un Héctor Magnetto, un Tony Caputo, un Gustavo Arribas, un Alfredo Coto o un embajador estadounidense.

Al día de hoy, martes 5 de Mayo, los dados están en el aire.

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